Josefina Almánzar.

Por Josefina Almánzar/Caribbean Digital

El pasado domingo 4 de agosto asistí a otra cita con la historia transformadora de mi país. Fui testigo y protagonista de ese momento histórico donde dos fuerzas políticas, Opción Democrática y Alianza País en sus Convenciones Nacionales celebradas de manera simultáneas en dos salones de la Escuela Mauricio Báez, decidieron y aprobaron a unanimidad, en presencia de sus delegados y delegadas y bajo la supervisión de la Junta Central Electoral, hacer un Pacto de Fusión bajo los requisitos establecidos en la Ley 15-19 sobre Régimen Electoral.

Ese 4 de agosto la vida política partidaria de la República Dominicana vivió un acto sin precedentes en su historia y en su andar. Nunca este país había presenciado las celebraciones de Convenciones Nacionales de partidos políticos desarrollarse de una manera decente, entusiasta, con la alegría, la sinceridad que demandan estos tiempos de hacer y ejercer una política con contenido humano y emocional.

Las decisiones tomadas por ambas organizaciones luego de muchos meses de reuniones y consultas en sus organismos internos nos demuestran el desprendimiento, la entereza, la firmeza, la grandeza de la lideresa Minou Tavárez Mirabal y del líder Guillermo Moreno, ambos conductores en sus calidades de presidenta y presidente de dichas entidades políticas, de este proceso. Demuestran al pueblo dominicano que los intereses del país siempre están y deben estar por encima de cualquier interés personal o particular.

Ese día 4 de agosto vimos el rostro de la democracia dominicana sonreír, luego de décadas de retrocesos, de tenerla como una asignatura pendiente, engavetada, secuestrada en los actuales poderes del Estado dominicano. Vimos su mirada llena de ilusión, de esperanzas, emociones que se entremezclaban en abrazos fraternos, en ese encuentro de dos fuerzas políticas que juntas construirán la casa nueva, la casa donde todos y todas podamos entrar para aportar, para colaborar con la transformación que tanto necesita y merece este país.

Al final, ella, la democracia, hizo su entrada triunfal. Se sentó frente a su audiencia y nos dijo: “Por fin llegaron! Los esperaba por décadas, los esperaba como espera ver la flor a la luz del alba”.

La recibimos entre aplausos y abrazos con el compromiso activo y vivo de que no la vamos a defraudar porque como bien citó nuestra lideresa Minou Tavarez Mirabal, en su discurso a Khalil Gibran: “Dicen que antes de entrar en el mar, el río tiembla de miedo…mira hacia atrás todo el tiempo recorrido, las cumbres y las montañas, el largo y sinuoso camino que atravesó; selvas y pueblos…Ve hacia adelante la inmensidad del océano y piensa que entrar en él es desaparecer para siempre. El río no puede volver. Nadie puede volver. Volver es imposible. Pero existe otra manera. El río precisa arriesgarse y entrar al mar. Solamente al entrar en él el miedo se acaba, porque en ese momento se da cuenta de que entrando en él no desaparece, sino que se vuelve océano”.

Seremos océano y navegaremos junto al pueblo hasta ver el día en que la democracia se confunda en un solo abrazo de carcajadas que danzan y vuelan al compás de las mariposas y de los caracoles. ¡Aquí estamos, aquí somos, allá vamos!

La autora es abogada y docente universitaria.

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