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Sede JCE. Archivo.

POR RAMON MARTINEZ

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Especial/Caribbean Digital

La Junta Central Electoral, en vez de llamarse junta,  debiera nombrarse como conjunto de “parcelas políticas”, debido a que con un disfraz moderno los partidos -no la sociedad en general -colocan en los puestos más importantes a sus más confiables representantes.

NUEVA YORK.- La Junta Central Electoral es la encargada de organizar, promover y realizar las elecciones de medio término y generales que se realizan cada cierto tiempo en la República Dominicana.

Pero extrañamente este árbitro electoral no sale de un problema; cuando no es la emisión y entrega de nuevas cédulas a personas que ya tiene el documento, es que el gobierno le retiene los fondos, que hay visibles diferencias internas entre sus integrantes, que hay  exclusión de votantes que no simpatizan con el gobierno o que  hay serias dudas sobre el listado de personas aptas para votar, entre otros escándalos.
Muchos estan consciente de que tanto  ayer como hoy,  la Junta,  es un organismo al servicio de los partidos mayoritarios, pero de manera marcada en favor del oficialísmo,  no tiene autoridad para pedir cuentas del de la procedencia del dinero que reciben los partidos para hacer sus campañas, no puede oponerse a que se usen los recursos del estado para favorecer al candidato del partido en el poder y no puede evitar que en Domincana se esté en politica a cada momento.
Como en casi todos los organismos del país que tiene incidencia la política partidaria, de vez en cuando esta está inmersa en crísis que deja frustración y sabor amargos en los sectores que creen que esta institución debe ser un “árbitro” creíble.
Desde hace un buen tiempo hasta acá el centro de cómputos, es el cuestionante y peligroso problema que ronda al alto tribunal; el cual asusta, y preocupa a más de uno en el país.
Cierto que la Junta Central Electoral, en vez de llamarse junta,  debiera nombrarse como conjunto de “parcelas políticas”, debido a que con un disfraz moderno los partidos -no la sociedad en general -colocan en los puestos más importantes a sus más confiables representantes y poco se puede hacer para evitar que hayan choques  entre sus integrantes, que en el fondo son políticos pero con un ejercicio partidario invisible.
El conflicto que hay en torno al centro de informática, se ha querido minimizar y maximizar dependiendo a quien le toque hablar a los medios de comunicación.
Sin embargo conociendo las diabluras, que se pueden promover desde ahí sería correcto buscar un consenso que permita que la población crea que sus votos mediante los instrumentos electrónicos no van a ser abultados o reducidos para perjudicar a uno y benificiar a otro.
Aunque no se quiera decir por el nuevo jefe del centro de cómputos, entre  Roberto Rosario, colocado por el Partido de la Liberación Dominicana  y  jefe de todo lo que se debe hacer en la Junta, y; Eddy Olivares, quien fue sugerido por el Partido Revolucionario Dominicano,  lo que  hay es una disputa institucional, quizás,  política-personal que en nada beneficia a la diafanidad del próximo proceso electoral.
En una clara señal del oficialismo “de que estamos y usamos el poder” al juez olivares se le quiere crucificar, -interperlar – porque en su íntima convicción cree  que el actual encargado del centro de cómputos no es lo mejor para desempeñar ese cargo.
Quizás para el presidente de la Junta el tema tiene poca importancia y puede ser que sea así, sin embargo a menos de ocho meses, no es correcto que haya un conflicto en torno al departamento de cómputos,  que en este momento está dirigido por una persona que de acuerdo a muchos es de suma confianza del grupo que encabeza Roberto Rosario.
Aunque muchos comparten la idea de que el sistema político dominicano está agotado y sólo deja riquezas a los líderes mas importantes de cada partido, tenemos el deseo, la esperanza de que los nubarrones de dudas que puedan arropar el entorno de la Junta Central Electoral  desaparezcan cuanto antes para que 20 de mayo, el que saque 6 votos de los diez que aparezca en cada urna sea el legítimo ganador.
Estamos a tiempo todos debemos aportar para que haya un proceso electoral sin visos de acciones fraudulentas.

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