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Periodista Eugenio Taveras. Archivo.

Por Eugenio Taveras

Especial/Caribbean Digital

SANTIAGO, RD.- A diario escucho personas vociferar que se arrepienten de haber actuado correctamente, en todos los sentidos, en el transcurso de su vida.  Hago un paréntesis para aclarar, y ese es mi pensar, no el tuyo, que nadie, absolutamente nadie, ha actuado correctamente en todos los actos de su diario vivir, sí podemos proceder de forma más o menos mejor que una gran mayoría.

Periodista Eugenio Taveras. Archivo.
Periodista Eugenio Taveras. Archivo.

Cuando nos expresamos como reza el primer párrafo lo que queremos dar a entender es que la seriedad en nuestro país es inexistente, porque hemos visto durante décadas como personas mal intencionadas, no solo en el sector público, sino en todos los estamentos de la sociedad están al acecho de que usted dé el primer paso en falso para arrancarle el alma, si es posible, con el fin de hacerse de lo que usted ha conseguido con esfuerzo arduo y trabajo constante durante años.

La inexistencia de la seriedad vista en el término macro, también es una exageración de quien esto escribe, pero no hay otra forma de catalogar el comportamiento de todos contra todos, pues, en todos los niveles, desde la más paupérrima lacra social hasta el más encumbrado en la opulencia económica, hay buitres y carroñeros, unos porque no tienen nada de qué echar mano, y deben sobrevivir a costa de sus congéneres, y otros, porque no terminan de saciar la sed de riqueza, tal vez creada desde un puesto en el tren político y no sedimentada desde abajo con el llamado sudor de su frente.

Yo estoy en la lista de los que no se arrepiente ni se arrepentirá nunca de haber actuado más o menos correctamente, y esto lo escribo con vehemencia, porque aprendí desde muy temprana edad una frase que me enseñaron mis padres y la cual repetían casi a diario, como queriéndome decir grábatela y que jamás se te olvide, porque te servirá de mucho en el fortuito cambiar de los tiempos:  “LO MAL HABIDO SE LO LLEVA EL RÍO”.

No quiero cerrar el presente escrito, sin antes hacer constar en el mismo, que han sido muchas las corrientes que he visto llevarse tenencias mal recibidas y visto sucumbir en la más espantosa miseria a individuos que supieron vociferar a través de las cuerdas vocales y salir de entre sus labios sus bonanzas económicas, pero se les olvidó que la sociedad sabía la descendencia del engrosamiento de sus bienes en tan poco tiempo y así mismo los ha visto caer.

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