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En Santiago, la Defensa Civil sostiene que existen 55 comunidades que jamás debieron ser, pero existen.

Tony Rodríguez

Especial/Caribbean Digital

Santiago, RD.- Igual a lo que ocurre en La Cienaga capitalina, en Santiago de los Caballeros, las lombrices habitan los vientres de los niños que crecen en los sectores Hoyo de Puchula y Hoyo de Julia.

En Santiago, la Defensa Civil sostiene que existen 55 comunidades que jamás debieron ser, pero existen.

Es algo así como lo que nunca se hizo.  Es el pasado y el presente de República Dominicana, lugares hacia donde nunca han visto los contratistas ni funcionarios.

Votos que se suman solos al oficialismo, con míseras fundas de comida, que se canjean por votos agredecidos, de salvadores que solo se acuerdan de su existencia en los procesos electorales.  La ignorancia premia, lo saben los políticos.

Fallas sistémicas que urgen ser corregidas. En Santiago, la Defensa Civil sostiene que existen 55 comunidades que jamás debieron ser, pero existen, pobladas por renegados del campo, que se adhieren al progreso del asfalto y de las oportunidades de ser motoconchistas, carretilleros, vendedores de víveres y frutos, o el buscavidismo propio de los que no tienen nada.

Para qué educar con fondos del PIB a estas gentes, que antes que todo, necesitan desparasitarse, mudarse a lugares dignos de seres humanos.

A ellos no les beneficia el Metro ni los corredores, y muchos menos los préstamos multimillonarios en dólares a los que accesan los gobiernos.  Ellos no conocen a Dominique Strauss ni al Fondo Monetario Internacional ni a Petrocaribe.

Ellos solo pululan con sus miserias, y se hacen temer, de los limpiecitos de la clase media, que los tildan de “peligrosos”.

Alguna vez José Ingenieros, calificó de “imbéciles” a los seres inferiores.

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