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POR: NICOLAS SANTOS

Especial/Caribbean Digital

 

 

No nos arrodillemos ante un problema tan vital

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Desde un tiempo acá la cordillera septentrional ha sido víctima de constantes talas indiscriminadas de árboles, específicamente, la comunidad del Toro y Carlos Días, por parte de extranjeros haitianos, confabulado desde luego con ciudadanos dominicanos.HORNOS

 El carbón que se obtiene de la quema de árboles se ha convertido en un lucrativo negocio para bandas organizadas de haitianos y dominicanos que rivalizan por su distribución y comercio.

En el comercio del carbón participan varios intermediarios, desde el dominicano que contrata a los haitianos para que construyan los hornos, hasta los haitianos que compran y luego revenden el producto en su país.

Es urgente que, las autoridades de Medio Ambiente dispongan una investigación exhaustiva para frenar de una vez esta situación y desaparecer los posibles hornos que ya están instalados en la cordillera septentrional produciendo carbón. De lo contrario nuestro hábitat se verá seriamente afectado.

Se calcula que un saco de carbón es comprado a 250 gourdes, unos mil pesos dominicanos, pero su precio puede alcanzar hasta los mil quinientos pesos en la vecina nación.

En la frontera, específicamente en la parte a la que se llama “Tierra de Nadie”, por quedar situada en medio de las dos aduanas, se pueden observar cientos de sacos de carbón almacenados, a la esperas de ser trasladados hacia Haití.
Uno de los principales componentes que originó esta situación es el económico, la mayoría del pueblo haitiano no tiene estufa y el carbón es el único medio para cocer sus alimentos.

Los haitianos poseen una cultura de quema y tumba y se les importa desaparecer en poco tiempo gran cantidad de bosques. Son depredadores naturales, enemigo de la naturaleza, dejando desolado todo lo que esté a su paso.

El dinero obtenido por la venta de tan solo tres sacos de carbón es superior al salario que devenga en un mes un guardia forestal, la persona que en estos lugares tiene la responsabilidad de cuidar los bosques.

Una gran parte de los haitianos vive con menos de dos dólares diarios y la tasa de desempleo está por encima del 60 por ciento, según reiterados estudios del Banco Mundial, que colocan Haití como el país más pobre de América.
Haití encabeza la lista de los países con mayores índices de deforestación en América Latina y el Caribe, según un estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), realizado en el 2002.

El caso que nos ocupa, el de Tamboril, merece ser atendido tanto por las autoridades Municipales y Distritales para así dar con los responsables que se han dado a la tarea de arrancarnos el pulmón forestal de nuestra cordillera que contribuye a garantizarnos el clima agradable que goza Tamboril y Canca la Piedra desde hace siglos. Manos a la Obra.

PAREMOS PUES, LA TALA INDISCRIMINADA DE NUESTRA CORDILLERA

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