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Estadio de beisbol, negro veras
Negro Veras. Archivo

Por: Ramón Antonio Negro Veras

Especial/Caribbean Digital

 

 

INTRODUCCIÓN

 

 

SANTIAGO, RD./ 1.- Todo ser humano busca alguna forma de entretenimiento; la diversión la procura tratando de alcanzar un sano esparcimiento. El pasatiempo escogido muchas veces guarda relación con la clase social, edad de las personas, cultura del país y hasta con el clima. Alegrar el espíritu contribuye a hacer sentir bien a quien lo disfruta.

Estadio de beisbol, negro veras
Negro Veras. Archivo

2.- En nuestro país, entre los deportes más populares están la lidia de gallos y el béisbol. La generalidad de los dominicanos y dominicanas gozan a plenitud el enfrentamiento entre dos gallos, o un juego de pelota. Cuando están en una gallera o en un estadio de béisbol, nuestros compatriotas se olvidan de todo.

3.- Siempre he sido un apasionado del béisbol; me he sentido atraído por practicarlo o presenciarlo. No hace mucho tiempo fui un activo jugador de pelota y softbol; y, desde hace casi setenta años, he hecho acto de presencia en estadios de béisbol, como simple espectador, tanto en el país como en el extranjero.

4.- Siguiendo mi tradición beisbolera, me he mantenido como un asiduo asistente a los juegos que se han efectuado en el Estadio Cibao; desde aquella noche del 25 de octubre de 1958, cuando recibiendo Vicente Scarpate, Radhamés Trujillo hizo el lanzamiento de la primera bola, y Dick Stuart disparó, por el mismo centerfield, dos cuadrangulares, en ese juego inaugural de Águilas frente al Licey.

5.- Por tradición, por adquisición propia o gentileza de un amigo, antes de iniciar la temporada de béisbol profesional en el país, siempre he tenido en mis manos el documento que me autoriza a estar presente en todos los juegos a efectuarse en el Estadio Cibao; pero en los últimos años no había ido a presenciar dos partidos consecutivos, aunque le doy seguimiento permanentemente a todo lo relacionado con el campeonato y, en particular, con el equipo de mi simpatía, las Águilas Cibaeñas.

6.- Rompiendo la tradición de mi no continuidad de   asistencia al Estadio Cibao, atendiendo a una invitación que me hizo un entrañable amigo, en la pasada serie de todos contra todos, hice acto de presencia en forma sucesiva a los tres últimos juegos efectuados en Santiago por las Águilas Cibaeñas frente a las Estrellas Orientales y Los Toros del Este.

 

I.- LA COMPOSICIÓN CLASISTA EN LOS ESTADIOS   Y LA PROMOCIÓN PARA MOTIVARLA.

7.- He hecho la anterior introducción para explicar mi percepción de la relación directa que actualmente hay en la organización y dirección en los estadios de béisbol profesional para motivar al fanático a presenciar un juego de béisbol, y la composición clasista de los que asisten al espectáculo.

8.- En reiteradas ocasiones he dicho que la sociedad dominicana está agrietada, que el deterioro se comprueba desde el seno del núcleo familiar, pasando por el sistema educativo, hasta llegar a todas las instituciones del Estado.

9.- Una persona con sano juicio, y que tenga la posibilidad de leer este escrito, a lo mejor se hace la pregunta, ¿qué busca Negro Veras, relacionando la asistencia a un estadio béisbol, con el deterioro hoy de la sociedad dominicana?

 

Ciertamente que hay estrecha relación. Veamos.

 

10.- El Estadio Cibao de ayer era animado primero por la Sirena de Coco y El Capi Victoria, luego por El Guayaberudo, posteriormente por el Combo de Picholo Cordero, y desde siempre por lo que ha puesto a vibrar a los fanáticos aguiluchos, el merengue Leña, himno de las Águilas Cibaeñas. La animación hoy difiere totalmente en el llamado Valle de la Muerte, el Estadio Cibao.

11.- Todo aquel que asiste ahora al Estadio Cibao, o a cualquier otro estadio del país donde se lleva a cabo un juego de béisbol profesional de invierno, debe estar preparado mentalmente para saber que está presente en un lugar ideal para lo que es la sociedad dominicana de hoy, caracterizada por el comportamiento inadecuado de algunos fanáticos, y actividades promocionales que dejan boquiabiertos a quienes no estamos familiarizados con el nuevo ambiente en los estadios.

12.-Es cierto que todo aquel que se desplaza desde su hogar para asistir a un juego de pelota sabe que no va a estar en una ceremonia religiosa, de recogimiento espiritual, sino en un ambiente festivo, donde reina la alegría, la diversión, el chiste, la ocurrencia; en fin, en un medio donde la jocosidad está a flor de labios en los presentes.

13.- En cualquier lugar del mundo donde se lleva a cabo una actividad deportiva ahí estará la bulla, la algarabía, como expresión de agrado o disgusto. Las emociones se van a expresar en alboroto, gritería; en un natural jolgorio.

14.- Lo que no se va a ver en un estadio de una sociedad organizada, civilizada y donde se respetan las buenas costumbres, es una continuidad escandalosa motivando a los fanáticos para que se mantengan, en forma ininterrumpida, por medio de un altoparlante, escuchando una música chillona, y a un señor con un megáfono incitando a bailar, a cantar, a beber, etc.

15.- No escapa a mi conocimiento que el béisbol profesional es un negocio y que aquellos que están involucrados en el mismo tienen que aplicar todos los medios mercadológicos para motivar a sus clientes, a fin de que se sientan a gusto con el ambiente y la mercancía servida.

16.- Pura y simplemente, el fanático que va a un estadio a presenciar un partido de béisbol, hay que hacerlo sentir bien, de acuerdo con su concepción de vida, del mundo y de su ubicación clasista.

17.- La generalidad de los que hoy van a presenciar los juegos de béisbol profesional a nuestros estadios, disfrutan el momento; no solamente viendo a su equipo ganar, sino también viéndole el trasero a una “cubetera”, escuchando música buena o mala, por amplificadores a todo dar; a un fanático bailando sin camisa sobre su asiento, o en estado de locura por la emoción que le produce el oportuno cuadrangular disparado por un bateador del equipo de su simpatía.

18.- A los estadios asisten a presenciar los juegos de béisbol profesional fanáticos con criterios y gustos muy distintos. Ese negocio se nutre de muchos parroquianos amantes, más que del béisbol, de la chercha sin sentido; de consumidores de espectáculos buenos y malos, de compradores de servicios de cualquier naturaleza, sin importar que se lo oferten en un santuario o lugar de mala muerte.

19.- Unademostración de los que promueven y motivan al nuevo fanático que asiste a los estadios de béisbol profesional es que, conociendo su estructura clasista, su ubicación social, gustos, hábitos y actitudes, por las bocinas que están dentro del estadio, en el momento de más emoción de un inning, se escucha la voz de un promotor diciendo: “… y después del juego salga para el club…”, “…no olvide que luego del juego lo esperan enpara bailar hasta que amanezca en el monte …”.

20.- La citada incitación dentro del estadio es una evidencia de que sus promotores tienen la firme creencia de que la generalidad de los hombres y mujeres que están sentados presenciando el partido, pueden ser inclinados o inducidos, una vez concluya el juego, para que, en lugar de irse a sus hogares donde los espera su familia, esposo o esposa, e hijos, se vayan a continuar de parranda para un prostíbulo o un lugar cualquiera de mala muerte.

21.- Lo que pinta la realidad de nuestros estadios de béisbol, en el curso de la celebración de los campeonatos de invierno, es la composición social, la convergencia de distintas clases sociales en nuestro medio, que se dan cita en un mismo lugar o espacio físico, y hacen acto de presencia con diferentes motivaciones.

 

II.- EL ASISTENTE A PRESENCIAR UN JUEGO DE BÉISBOL EN UN ESTADIO DE NUESTRO PAÍS.

 

22.- Si no se analiza con certeza el desarrollo de la diversidad de las clases sociales en el país en los últimos cincuenta años, no podemos comprender el comportamiento de la generalidad de los que asisten a los estadios de béisbol en el curso de los campeonatos profesionales invernales.

23.- El juego de pelota es de gran entretenimiento; permite ser analizado y comentado en un sano ambiente deportivo. Al estadio no solamente va el fanático de uno de los dos equipos en competencia en el terreno, sino también quien goza dando su opinión de la estrategia que conviene en un momento dado. Pero para esto se necesita de un espacio adecuado, de calma, tranquilidad para escuchar y exponer, lo que no es posible en medio de un bullicio ininterrumpido, generado por una música estridente que no permite el más mínimo comentario de una jugada o decisión de un árbitro.

24.- El fanático que ayer estaba presente en los campos deportivos, lo hacía impulsado por disfrutar el juego como deportista o simple simpatizante de uno de los equipo en competencia. Aquel que hoy va al estadio, está movido por factores muy diversos.

25.- El hombre o mujer que hoy sale de su casa hacia un estadio de béisbol, lo hace impulsado por ir sanamente a disfrutar el juego; por acompañar a un vecino, amigo o amiga; lo toma como motivo para escaparse del hogar e irse a otro centro de diversión; para jugar apostando dinero a uno de los equipos, en fin, a gozar presenciando un show degradante y de mal gusto que tiene como actoras a niñas diseñadas para que les den riendas sueltas a sus caderas, y que ponen locos y sin ideas a los fanáticos, sacan de concentración a los peloteros que llegan hasta hacer caso omiso cuando un jugador contrario deja de pisar el plato, y a los árbitros que han llegado a santificar el retraso de un juego para que concluya un baile de reggaeton.

26.- Los santiagueros y santiagueras que tenemos la dicha de haber asistido a presenciar los juegos efectuados en Santiago por los Dodgers de Brooklyn, las Estrellas de Coimbre, y el renacer de la pelota rentada en los primeros años de la década del cincuenta del siglo pasado; y así ver jugar a la mejor combinación defensiva que ha tenido en toda su historia el equipo Águilas Cibaeñas, Julito Martínez y Daniel Rodríguez, ya hoy no tenemos nada que buscar en los estadios de béisbol profesional de nuestro país.

 

 

CONCLUSIONES

 

1.- Las personas físicas y morales que intervienen en la distribución y ejecución de la promoción comercial en los estadios de béisbol profesional en nuestro país, no son santos ni demonios, buenos ni malos; simplemente hacen su trabajo procurando que su policitación llegue y sea aceptada positivamente por aquellos a quienes va dirigida.

2.- La forma como está organizada la sociedad dominicana de hoy acepta, en esencia, los mensajes difundidos por distintos medios en los estadios de béisbol; y lo demuestra la receptividad de como son asimilados y ejecutados por la generalidad de los fanáticos.

3.- Creo tener mi reloj histórico, político y social en hora; estoy preparado para moverme en agua y en tierra firme, compartir en cualquier escenario con los buenos y con los malos; pero no estoy dispuesto a costear una mercancía espectáculo que me es servida en un ambiente donde pago para sentirme bien y no fastidiado.

4.- En este escrito estoy fijando mi posición muy personal de porqué no me siento bien en los estadios de béisbol profesional del país. No persigo influir ni dictarle pauta a nadie; aquel que se siente a gusto con la forma como se maneja en el país el pasatiempo beisbolero, que le vaya bonito, que siga disfrutando; porque el ordenamiento social actual cuadra perfectamente con todo lo que se promueve en los estadios de béisbol.

5.- Personalmente no me creo un puritano, no orino agua bendita, ni persigo ser un pontífice del civismo; pero, por formación familiar e ideológica, no estoy preparado para digerir y aceptar tranquilamente y con indiferencia, un fenómeno social nocivo que no cuadra con mi forma de actuar y pensar.

6.- Cuantas veces asisto a un estadio de béisbol donde se respeta a los fanáticos que van solamente a presenciar y disfrutar el espectáculo, me siento como el ser humano más feliz sobre la tierra, pero lo que ahora está ocurriendo en el play me hace sentir reducido como persona, me creo fuera de ambiente, como si fuera un extraño en el estadio.

7.- Debo decir con toda franqueza que ya no me siento bien presenciando un juego de béisbol profesional en ningún estadio de mi país. No me siento motivado para ir a ver un juego impulsado por un merengue o las nalgas de una niña.

8.- Para sentirme alegre, contento y transmitir alegría, no tengo que estar en un ambiente contaminado por el reggaeton; no voy al play a caerle atrás a una camisilla con promoción de una empresa, ni voy a llevar a mi nieta a recibir un cursillo de cómo se hace un trabajo fino de aspirante a vulgar prostituta.

9.- La alegría, ese sentimiento que expreso por algo que es de mi agrado; la felicidad la disfruto plenamente, y el júbilo me da satisfacción espiritual sin que tenga como muletilla una música permanente que persigue que una niña me esté, con disimulo, incitando a hacer lo que no fui a buscar al estadio, moviéndose cerca de mi asiento con sus rítmicas cadencias.

10.- La forma como se está manejando la promoción comercial en los estadios de béisbol profesional del país, no puede seguir así; eso tiene que cambiar más temprano que tarde como, de igual manera, el ordenamiento social vigente tiene que ser renovado para bien de lo que en verdad se llama pueblo dominicano. Por ahora me limito a decir: Adiós a los estadios de béisbol profesional de invierno en el país.

 

Santiago de los Caballeros,

17 de enero de 2013.

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