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Periodista Alejandro Almánzar. Archivo.

Desde Mi Ventana Óptica

Por Alejandro Almánzar

Especial/Caribbean Digital

NUEVA YORK./ Es imposible que una nación atacada por tantos males sociales, pueda mantenerse en pie. La obra de Duarte y los trinitarios, ha soportado la furia de temibles huracanes, terremotos, inundaciones y epidemias, pero nada equiparable a las acciones de la clase política.

Periodista Alejandro Almánzar. Archivo.

Si el “Infierno” existiera, sería mejor vivir en aquel lugar, y no en estos 48, 500 Kilómetros cuadrados, pues lo que comenzó como juego de niño, policías inventándoles delitos al ciudadano, para extorsionarlos. Oficiales militares, enganchando muchachos por dadivas y funcionarios resolviendo problemas en oficinas públicas por dinero, todo eso nos ha conducido a este tenebroso presente.

La sed de obtener dinero a montón rápido, rompió los patrones morales, éticos y conductuales que caracterizó a nuestros prohombres. Una simple muestra es lo denunciado por el licenciado, Pedro Domínguez Brito, en uno de sus artículos, donde aseguraba haber recibido información, que empleados de los aeropuertos, están en conexión con bandas de delincuentes en esas terminales, para informarlos de los bienes que declara el viajante al pasar por dichos controles, quienes resultan atracados en el trayecto o llegando a su casa.

Esa corrupción es atribuida a bajos salarios en la administración pública, pero veamos, cuando Joaquín Balaguer, gobernaba 1966-1978, el salario mínimo era de $60.00 pesos, y la canasta familiar rondaba los $100.00, y para compensar la pérdida del poder adquisitivo, el lider Reformista permitía lo que él mismo llamó “indelicadezas” de funcionarios civiles y militares.

Alegando motivos de sobrevivencia, los policías pedían 50 centavos. En 1978, don Antonio Guzmán elevó a $175.00, dicen algunos, que por equivocación del jefe de Estado, leyendo el decreto, que lo aumentaba a $125.00, y para no tirar su palabra por el suelo, lo dejó así.

Fue a lo mejor, la única vez que la canasta familiar estuvo a la par o por debajo del salario mínimo, pero a partir de entonces, los policías no aceptaban 50 centavos, si no, que exigían uno, dos y tres pesos, o sea, el bajo salario puede ser un eslabón de la cadena, pero no la causa principal de la inmoralidad.

Ese mirar hacer y dejar pasar, trajo como consecuencia, que las instituciones públicas se llenaron de delincuentes, que con tal de salir ricos de esos cargos, no les importa vender la soberanía nacional al más miserable capo del narcotráfico. Por eso tenemos policías y militares sicarios y narcotraficantes.

Impávidos, veíamos cómo funcionarios recibiendo bajos salarios, compraban fincas, casas, residencias lujosas, autos lujosos, aviones y yates. Hoy sabemos, que esas riquezas exhibidas, son el producto del lavado de dinero, narcotráfico y robo al Estado.

Eso trajo consigo, la pérdida de valores, y nadie se inmuta ver a oficiales asociándose a delincuentes internacionales, poniendo al país de rodilla, robándose aviones de nuestros aeropuertos, para realizar operaciones de drogas.

¡Ojala no despertemos mañana con la noticia, de que se robaron el vehículo presidencial para esos mismos fines!

alexalma0915@gmail.com

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