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José Rafael Sosa

Especial/Caribbean Digital

“Somos dominicana” era la promesa de una renovación  que excedía tener un logo  moderno y un reforzamiento audiovisual en escena.  El equipo que está al frente del Ballet Folklórico Nacional Dominicano ha logrado un milagro: renovar lo viejo, lo establecido, lo inalterable, imprimiendo las nuevas señales  a un danzario  trajinar de siglos.

SOMOS

El ritmo folklórico nacional tuvo, con la presentación de  Somos Dominicana, un espectáculo que ha dejado firme el nuevo concepto de proyectarle desee la compañía danzaría oficial del Ministerio de Cultura.

 

El criterio renovado del BFND ha radicado sus esencias en la juventud. Una directora, Elizabeth Crooke Morel, muy bin  formada académicamente y con  la trayectoria destacada en coreografía, ha sabido llevar a un plano de rostros y signos renovados.

 

Ella y el  director musical, David Armengod,  transformaron una presentación en una muestra del poder de la entrega apasionada al arte de manos de la formación para lograrlo.

 

El 26 de noviembre de 2013 concluyó su emocionado Día Nacional de Merengue, con una presentación de un concepto moderno en el enfoque de proyectar un ente patrimonial  tan tradicional como es el ritmo autóctono. Era el desafío de armonizar el concepto de lo nuevo con la esencia de lo no tan “nuevo”. Lo lograron.

 

La nueva directora, Elizabeth Crooke  Morel, de esta importante unidad artística, responsable de pautar oficialmente la imagen de los ritmos que han conformado la tradición danzaría dominicana, aplicando al quehacer de esta compañía del Ministerio de Cultura, una nueva, moderna y necesaria actualización tecnológica, sin perder para nada, el carácter vívido de los ritmos interpretados que, desde  el Pasa Pie y el Bambula, hasta el merengue apambichao  y el matriculado, produjeron la noche más gloriosa que la interpretación musical producto de la investigación, se recuerde en los últimos años en el Teatro Nacional.

 

Determinante la base musical y coral del espectáculo, a cargo de un músico al cual el país nunca le ha rendido el homenaje que merece, David Armengod, entregado y preciso en cada lance, y quien fue responsable de que experiencia fuera realmente nueva.

 

La nueva estética del BFND ratifica una ruta de quehaceres en la cual todos los pasos dados antes, todas sus direcciones dadas con precedencia, quedan ratificados en su valor, queda incólume la esencia de nuestras danzas, pero frescamente actualizadas, utilizando los modernos recursos de la tecnología audiovisual, respetando los conceptos ya inamovibles por ser como son.

 

La Sala Carlos Piantini, del Teatro Nacional, debió haber estado llena a mares  de gente orgullosa de su ratificación nacional, pero quienes estuvieron se llevaron a casa el orgullo de haber sido testigos de un renacimiento estético, de unas nuevas maneras de contar el foklore y relatar sus giros  al viento, de su cantar profundo, de sus voces y coreografías, modernizadas en números de introducción, como el simbólicamente casi desnudo de introducción Espíritu de Origen, en el cual la Crooke Morel, afinó su aguzado encanto, toda su experiencia para declarar, al tono de una danza moderna, la intención de mirar con respeto y buena técnica, el homenaje que requiere  la noble herencia musical y retumbante de los ritmos del principio de todo, la herencia cultural dominicana.

Luego, con precisos apuntes de video cuando era necesario, se fue introduciendo el mosaico descubridor del Pasa Pie, el Bambulá, La Zarandunga,  el Zapateo Dominicano (Guarapo, Sarambo, Callao y Fandango), el romántico Merengue de Cuerdas (el primero, antes de la irrupción casi militar del acordón), el merengue apambichao  y las  formas rítmicas de la tumba: Chenché matriculado

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– infaltable-, Carabiné y Mangulina.

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