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JOSE ALFREDO ESPINAL

Editor/Caribbean Digital

MASSACHUSETTS./ Estados Unidos./ Vivir en el país de nuestros orígenes sería lo ideal.

Vista del City Hall (Ayuntamiento) en la ciudad de Worcester, Massachusetts. Archivo.

No hay que estar pensando si la visa está vencida o si la misma fue otorgada para una u otra cosa en particular.

Tampoco el ciudadano debe estar pendiente si los agentes de migración están por su alrededor.

Te paseas, si quieres, sin ningún tipo de documentos personales porque vives en tu país y nadie podría osar en sacarte de tu tierra, excepto en situaciones extremas.

Pero la realidad es otra cosa.

En mi tierra República Dominicana, por ejemplo, es un país maravilloso con grandes riquezas y una democracia que tanto los políticos, los adinerados y los empobrecidos, todos sin excepción,  abusamos de ella.

Es el mejor país del mundo, dice una promoción del Ministerio de Turismo.

Si es para un turista que viene por unos cuantos días, disfruta de las playas y las mujeres, para los ricos y los funcionarios que hacen los que les plazca porque la justicia en estos casos no funciona o lo hace muy poco.

Si es porque cualquier “loco viejo” embriagado conduce un vehiculo, mata unos cuantos y sale libre al día siguiente.

Si es, quizás, porque celebrando unos pistoleros disparan al aire y balas perdidas acaban con la vida de cualquier ser humano.

El país nuestro, el de Dominicana, es bueno porque somos libres y nos dan dos funditas de arroz con habichuelas cada vez que se nos inundan las viviendas en vez de prevenir esos problemas.

Posiblemente el país nuestro sea el mejor porque se invierten miles de millones de pesos en parqueos de una universidad, pero no hay recursos para aumentarle a los maestros, a los médicos, a los guardias, policías, y demás servidores públicos, y mucho menos del 4% a la Educación.

Estados Unidos, por ejemplo, donde pienso permanecer por algunas semanas, me he dado cuenta, primero, que para un inmigrante la vida no es tan sencilla como algunos ilusos quieren pintarla.

Primero hay que luchar con el idioma, la cultura y las costumbres de los gringos. Un estilo de vida acelerado, donde se conjugan diversas culturas y nacionalidades.

Una cosa si coincide que usted cumple con las reglas o paga el precio, sin importar el rango social que un ser humano pueda tener, sea este económico, social, político o religioso.

Aquí, por ejemplo, la luz roja de los semáforos deben respetarla los policías y militares, de altos y bajos rangos, las filas en centros de servicios públicos o privados son para los pobres y los ricos.

El pago por una hora de trabajo dependerá de tu capacidad profesional y el tipo de oficio que realice. Un sistema político-social que no varía tanto, sin importar que venga el presidente demócrata o el republicano.

Olvidemos otros aspectos importantes.

Vivir en el país de nuestros orígenes sería lo ideal, pero la realidad es otra, que al pasar del tiempo vemos que pocas cosas cambian para bien.

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