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Servicios/Caribbean Digital

Nairobi, Roma, Washington DC./ En medio de una de las peores crisis humanitarias de los últimos tiempos que afecta al Cuerno de África, el Servicio Jesuita a Refugiados ha anunciado sus planes para incrementar su trabajo en favor de los somalíes en Etiopía y Kenya, y de abrir nuevos servicios en la primera.

“Hemos estado atendiendo a los somalíes durante años y sabemos cuáles son sus necesidades. Nos estamos preparando para que una nueva afluencia de supervivientes traumatizados recupere la normalidad de sus vidas. Este es un compromiso a largo plazo; los servicios psicosociales y educativos son claves para ayudar a dar estabilidad a las vidas de los refugiados. Dadas las limitaciones de nuestro presupuesto, pedimos a la gente que nos ayude de la forma en que le sea posible”, dijo el director del JRS África Oriental, Frido Pflueger SJ.

Años de conflicto y sequías periódicas han desplazado a casi dos millones de somalíes. Y las cifras siguen aumentando rápidamente. El 20 de julio de este año, más de 120.000 somalíes había huido a Kenya y Etiopía. Este mes, al menos 3.000 han estado llegando diariamente a ambos países. Se calcula que unos 11 millones de personas han quedado afectados por la peor sequía en más de cincuenta años. Si no se actúa inmediatamente, la hambruna se extenderá al resto del sur de Somalia.

“Si bien la cifra de refugiados somalíes atendidos por el JRS es, por el momento, relativamente baja, los tipos de servicio ofrecidos, como la atención psicosocial, han recibido los recursos necesarios. A pesar de ello, si, tal y como se espera, el JRS comienza a ofrecer servicios educativos en el campamento de Dollo Ado, en Etiopía, la cifra de beneficiarios se disparará. Estamos buscando recursos para esta nueva intervención”, continuó el P. Pflueger.

Causas

La actual crisis es la consecuencia de tres problemas entrelazados que se han solapado: la sequía por el clima extremo; la falta de un gobierno central que funcione; y la incapacidad de de las agencias de ayuda de entrar en el centro y sur de Somalia, controlado por las milicias de al-Shabab. Esto, añadido al aumento del precio de los alimentos en toda la región, está afectando a las poblaciones ya vulnerables con pérdidas devastadoras.

Los países de la región están aplicando medidas para hacer frente a esta situación. Kenya anunció recientemente la ampliación de uno a tres campamentos en Dadaab para los nuevos refugiados; mientras que Etiopía está, por su parte, ampliando el campamento de Dollo Ado en el sudeste del país.

Sin embargo, estas naciones tienen sus límites al estar también gravemente afectadas por la sequía. En la actualidad, hay más de 750.000 refugiados somalíes en el este de África, la mayoría en Kenya y Etiopía. A menos que la comunidad internacional pueda suministrar ayuda en el interior de Somalia, los somalíes van a seguir sufriendo en su propio país y huyendo, si pueden, a los países vecinos.

El JRS en Kenya

Los equipos del JRS en Nairobi y en el campamento de Kakuma están respondiendo en la actualidad a las necesidades de 12.500 solicitantes de asilo y refugiados en situación de vulnerabilidad, ofreciendo apoyo educativo, insumos alimentarios y no alimentarios, así como asistencia médica y psicosocial, incluyendo la formación de terapeutas y de trabajadores de salud mental. Las mujeres víctimas de la violencia de género también encuentran protección en los espacios seguros del JRS.

Los proyectos del JRS atienden a un gran número de somalíes tanto en el campamento de Kakuma como en Nairobi, unos 100.000 entre ambos lugares. Principalmente se trata de madres solas en dificultades, en particular, por el gran tamaño de sus familias y la falta de redes de apoyo. Traumatizadas por el conflicto, la violencia de género y necesitadas de servicios culturalmente específicos, a las refugiadas somalíes se les ofrece atención psicosocial intensiva y apoyo educativo. Sin ayuda, tanto ellas como sus hijos estarían en la miseria más absoluta.

Situaciones como estas son ya comunes en Somalia. Hassan (no es su nombre real) huyó de Somalia con diez años después de que sus padres fueran asesinados y su hermana secuestrada por bandoleros que buscaban comida. Unas veces a pie, otras en barca, Hassan consiguió escapar de Somalia y llegar finalmente a Kakuma, en Kenya.

“Los equipos del JRS acogen también a las familias que huyen del reclutamiento forzoso de sus hijos, algunos de los cuales llegan gravemente mutilados. Por ejemplo, a un muchacho de 16 años le amputaron la mano por no querer unirse a las milicias de al-Shabab. Otras familias tuvieron que recorrer un largo camino para evitar a al-Shabab, por lo que sus hijos morían de hambre o caían en las redes de explotadores que se presentaban como buenos samaritanos”, añadió el P. Pflueger.

El JRS en Etiopía

Los equipos del JRS actualmente asisten a unos 4.000 refugiados y solicitantes de asilo en situación vulnerable en Addis Abeba, ofreciendo servicios de apoyo educativo, recreativo, formativo y psicosocial, así como ayuda de emergencia.

Hasta el momento, la cifra de somalíes que llegan a Addis Abeba se ha mantenido relativamente constante, pero los equipos del JRS están haciendo planes de contingencia para aumentar el apoyo a los futuros beneficiarios del programa. El JRS ya está en negociaciones avanzadas con la agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) para comenzar a ofrecer servicios psicosociales y educativos en el campamento de Dollo Ado, que está acogiendo a más de 100.000 somalíes.

Notas:

El JRS trabaja en más de 50 países de todo el mundo. La organización cuenta con más de 1.200 trabajadores: laicos, jesuitas y otros religiosos trabajan para responder, entre otras, a las necesidades educativas, sanitarias y sociales de 500.000 refugiados y desplazados, de los que más de la mitad son mujeres. Sus servicios se ofrecen a refugiados independientemente de su raza, origen étnico o confesiones religiosas.

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