Rafael A. Escotto

Por: Rafael A. Escotto

 Cuando la fragancia de una flor se apaga súbitamente el jardín donde fue soberana de las letras entra en una especie de abatimiento inconsolable, tan hondo y tan misterioso, que ni el tiempo ni la fría brisa serian capaces de hacer que desaparezca su venerable presencia.

Siempre en el jardín donde se anidaron sus fantasías se oirán sus versos caer como lloviznas fecundando corazones y haciendo crecer el heno lujuriante con su espiga apuntando al cielo azul.

Aquel cuento hermosamente bordado con hilos de plata sobre lienzo de tul mientras caminaba con zapatillas de gamuzas porEl callejón de las flores unas avecillas de colorido plumajes se le acercan y le susurran dulcemente al oído: «Nos divertimos mucho con tu cuento, doña Ligia, ¿Cuándo escribirá otro relato tan divertido?«

Luego, la escritora encantada con aquella primicia de las aves, con sonrisas en sus labios de perla, con la placidez de una princesa se sienta sobre el tronco de un precioso árbol de nogal, un tanto abstraída, con sus ojos claros mirando fijamente hacia el horizonte que se pierde en la distancia; una hoja  de papiro vuela sobre sus manos  impulsada por una brisa fresca de otoño y escribe inspirada, a lo Gabriela Mistral, Mi corazón tiembla en la sombra.

La poeta, Ligia Minaya Belliard, llega a su casa solariega con su mente soñadora y comienza a escribir con su pluma de faisán dorado, en aquel rinconcito de su sala unos recuerdos que quedaron guardados en un baúl de joyas le rememora un viaje maravilloso. En el silencio cómplice de su reminiscencias, ecribe entre nostalgias y júbilos, Cartas desde Denver.

 En otro momento vuela sobre tierra firme a visitar el mar color turquesa de sus sueños y camina con sus pies descalzos sobre conchas de nácar. De pronto alcanza a ver unas mariposas, las más bellas asentadas sobre arenas de plata color grises y la musa toca la puerta entreabierta de su inteligencia, como si estuviese dispuesta de tal manera para que entrara la luz divina de su inspiración y escribe con el encanto de una flor que se abre al mundo seductoramente, Mariposa de arena.

 Las historias sobre las andanzas de un abuelo por los andurriales escapados de las serranías mocanas contadas por sus parientes le motiva un buen día durante la celebración de Nuestra Señora del Rosario narrar las travesuras de un anciano y escribe Un abuelo impropio. Mientras leía el borrador una sonrisa picara se apodera de Ligia y parece decirse «esas diabluras corren en nuestro hombres«.

Llegan las lluvias de mayo con furia, como aquellas noches eternas que nos regaló lleno de sentimiento el poeta colombiano Víctor Esteyner Asprilla Cuesta. Ligia sueña desplazándose por las rutas del infinito, por donde no se llega nunca a ningún lugar. De pronto la escritora tiene una fantasía en medio de aquella ofuscación entre la belleza del cactus y su utopía naceLlanto de cactus en la noche interminable.

 Su familia ocupó un lugar único en el interior de su corazón. Fue tan extraordinario su apego al vínculo consanguíneo que dejó escrito un trabajo, testimonio de su acendrado amor casero. Escribe vibrante y enternecida El fuego sagrado del hogar.

 Escribo esta especie de panegírico a esta narradora de extraordinaria sensibilidad escritural a manera de que este articulo sea colocado metafóricamente sobre el impasible  mármol de su lapida. https://youtu.be/hjfH2oNsa34.

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