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Expresidente Leonel Fernández. Archivo.

Caribbean Digital

SANTO DOMINGO, República Dominicana.– Una complaciente entrevista publicada por el diario The Globe and Mail, de Toronto, Canadá, el ex presidente Leonel Fernández es considerado como “el oráculo” de la República Dominicana, con calificativos elogiosos y de exaltación de las tremendas bondades que como presidente de la Repúblico tuvo para la sociedad dominicana.

Expresidente Leonel Fernández. Archivo.

Escrita por el periodista Pav Jordan y publicada el pasado 21 de septiembre, luego de que Fernández asistiera a Toronto a recibir el reconocimiento como el Estadista del Año, la entrevista discurre entre elogios y admiración hacia el ex presidente dominicano.

A continuación la entrevista, en una traducción libre de Acento.com.do:

Leonel Fernández: el “Oráculo” de Santo Domingo

Por Pav Jordan

The Globe and Mail

Fue el presidente electo más joven en la historia de la República Dominicana. Pero 12 años más tarde, a Leonel Fernández ya se le conoce como el “oráculo de Santo Domingo”.

El hombre de 54 años de edad ha ganado ese título, en parte, por sus éxitos económicos: redujo la pobreza en su país en casi un 10 por ciento y facilitó un crecimiento sin precedentes en la República Dominicana, de 9,5 por ciento en su segundo mandato.

 

Fernández también es admirado por abrir su país a un amplio círculo ‒de inversionistas extranjeros (incluidos los intereses mineros más importantes) y amigos (incluyendo líderes con diferentes puntos de vista políticos).

Él acredita a su infancia en Nueva York, en el barrio densamente dominicano de Washington Heights, el despertar de su interés por el mundo que le rodea y por darle una idea sobre las diferencias entre el mundo desarrollado y en desarrollo.

Algunos dicen que su inglés teñido de la versión americana es también un activo para cortejar a sus partidarios.

No todo el mundo está convencido de que el político esté verdaderamente retirado. Su esposa, Margarita Cedeño, es actual vicepresidente del país. Fernández es elegible para un cuarto mandato y algunos observadores sospechan que se postulará.

Por ahora, está ocupado aceptando honores y hablando sobre todo, desde la pobreza, la guerra contra las drogas, hasta las semillas de la revolución.

The Globe and Mail se encontró con él en Toronto esta semana cuando Fernández aceptó el premio Estadista del Año otorgado por el Consejo Canadiense para las Américas.

 

Ahora que ha renunciado al liderazgo, ¿qué debe hacer la República Dominicana para continuar reduciendo la pobreza?

Eso siempre tendrá que ver con el crecimiento económico sostenido: Usted necesita por lo menos un crecimiento de 6 por ciento durante muchos años, yo diría que entre 15 y 20, para lograr un impacto. También se necesitan políticas enfocadas en resultados concretos. La educación, por ejemplo. Es el mejor igualador social, que le da las capacidades para ascender en la escalera. Pero se necesita tiempo. Es una batalla permanente, a largo plazo. No es algo que realmente se puede resolver en un plazo de cuatro años o dos. Está arraigada en la historia.

 

La minería es un área importante de crecimiento para el país, y la inversión extranjera ha sido esencial. Pero, ¿no pudiera la propiedad extranjera ir demasiado lejos?

Creo que en este mundo globalizado ya no estamos cuestionando el origen del capital. En América Latina hemos tenido mucho éxito, sobre todo en la última década, en la exportación de nuestros recursos naturales. Lo que hemos hecho hasta ahora es lo que había que hacer. Pero yo diría que es sólo la primera fuente de generación.

 

Una segunda ola será agregar valor para transformar estos recursos naturales en productos, donde podemos tener más riqueza, en general, y crear más oportunidades para nuestra gente.

Uno de los mayores problemas para América Latina es la guerra contra las drogas. Usted ha calificado la guerra como un fracaso. ¿Por qué?

 

Creo que fue [el presidente de EE.UU. Richard] Nixon el que llamó a una guerra contra las drogas. Pero siempre ha habido una distinción en el papel que cada país desempeña.

Colombia, por ejemplo, fue un productor de hojas de coca que fueron transformadas en cocaína. Los EE.UU. y Europa eran principalmente los consumidores de la droga. Un país como la República Dominicana no era ni productor ni consumidor, sólo un lugar para los transbordos.

Pero con el paso de los años estos papeles se han superpuesto. Un país puede ser un productor, un trampolín y un consumidor. Muchos países de América Latina, por ejemplo, han aumentado su consumo. Por eso es más complejo que lidiar con el tráfico de drogas y todas las actividades ilegales relacionadas con esta. Las armas es otro tema. Se compran con relativa facilidad en EE.UU., y si se quedaran allí, está bien. Pero si son transportadas a nuestros países, eso crea un montón de dificultades para nosotros.

 

Así que creo que es necesario que haya un nuevo enfoque para hacer frente a estos problemas. Hemos fallado en los últimos 30 años en la lucha contra el tráfico de drogas.

¿Es la actividad militar extranjera la respuesta? ¿Deben asumir [el problema de] los narcotraficantes?

 

Yo diría la vigilancia por parte del Ejército. Pero no es prudente utilizar a los militares diariamente para hacer frente al tráfico de drogas. Deben ser utilizados en casos de emergencia; en caso contrario, se debe utilizar a la policía, se deben utilizar otras fuerzas.

A usted se reacredita ser un hombre de Estado, que entabla amistad con personas y naciones que parecen irreconciliables. ¿Qué es lo que está en la raíz de su enfoque diplomático?

 

Yo siempre trato de entender la historia y por qué las cosas son como son. He aprendido que no hay uniformidad en el mundo. Hay diferentes maneras de ver las cosas.

No se puede exportar democracia, como no se puede exportar la revolución. Tiene que venir de dentro, tiene que venir de su propia sociedad. Es un producto de la historia.

 

Por lo tanto, en los EE.UU. usted nunca tendrá una dictadura como la que tuvimos bajo Rafael Trujillo. Podría ocurrir en la República Dominicana, debido a nuestra historia. Y no es que un dictador muere hoy y mañana usted tiene democracia.

Se necesita tiempo, porque hay que tener valores democráticos, una actitud democrática, un comportamiento democrático. Es necesario que haya un sentido de compromiso con estos valores y con este comportamiento.

 

¿Qué implica eso en cuanto a Venezuela o Cuba? ¿La gente allí está aprendiendo que hay alternativas? ¿Van a seguir adelante desde donde están ahora?

¿Por qué Castro llegó al poder en Cuba? ¿Por qué se produjo una revolución en Cuba? Porque nunca hubo un sistema democrático en Cuba.

 

Fidel Castro era un candidato para convertirse en un legislador en 1952, cuando Fulgencio Batista llegó con un golpe de Estado. Uno siempre se pregunta qué hubiera pasado si el señor Batista no hubiera dado este golpe de Estado.

Quizá Fidel Castro se habría convertido en un miembro de la Cámara de Diputados y, con el tiempo, debido a sus talentos, sus habilidades políticas, podría haberse convertido en un presidente democrático elegido y la revolución nunca hubiera tenido lugar.

 

Hubo muchas revoluciones en marcha en América Latina en ese momento, pero debido a que el acceso democrático al poder estaba siendo obstruido, no había más remedio que hacer una revolución.

EE.UU. está a punto de ir a las urnas. Siempre y cuando el nuevo presidente le pida consejo sobre América Latina, ¿qué le sugeriría?

 

El principal reto para un presidente estadounidense entrante es la crisis económica mundial, porque si ese problema no se resuelve, tendrá un impacto en todos los países de América Latina. Creo que esta es la cuestión más importante de nuestro tiempo. Es la crisis mundial más profunda y más grave desde la Gran Depresión.

Se trata de un problema estructural, y si no somos capaces de resolverlo, vamos a tener una crisis económica mundial más profunda que la que teníamos en 2008, y esto será insostenible para el mundo entero.

Fuente: Acento.com.do

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