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Yenifer Gil

Por: Lic. Yenifer Gil

La vida es un soplo, tan incierta como indescriptible. Momentos de alegrías, otros de tristezas tienden a caracterizar nuestro paso por ella. Tan delicada y sublime que en cualquier momento nos puede sorprender la muerte, sin importar edad, sexo, raza, color de piel o estatutos económico.

Desde que somos concebidos en el vientre de nuestra madre, sabemos los ingentes esfuerzos que hacen nuestros padres para que la vida prospere; conforme vamos creciendo la lucha se hace más intensa, pues nos vamos llenando de sueños, de ilusiones, de metas y tenemos la firmeza de que algún día podremos lograr todo lo que nos hemos propuesto. Sin embargo, no siempre es así, pues a veces esa luz, esa energía, ese respirar se acaba dejando dolor y tristeza en las personas que amamos y que nos aman.

Solo Dios sabe porqué y cuando permite las cosas, sus designios son irreprochables, pero lo que sí es reprochable es que no vivas cada día como si fuera el último, que no valores lo que tienes y a quienes tienes a tu lado. Cuanto nos quejamos de nuestra vida, sin imaginar la que le ha tocado vivir a otros. Cuantas personas deseando solo tener salud y nosotros que la tenemos no la valoramos, cuantas deseando un poco de comida y nosotros tanta que despreciamos, seres humanos que perdieron a su familia y nosotros a las nuestras ni siquiera le decimos un ‘’TE AMO”

La vida es muy corta, se puede acabar aquí y ahora. No sabemos cuando seremos llamados, por ende haz el bien sin mirar a quién, disfruta cada etapa como única, porque no regresan. Aprecia y valora a tus seres queridos, a tus amigos, a tus hermanos. No te quejes tanto, ni te aferres a nada, que lo terrenal en la tierra se queda, al contrario, siempre agradece a Dios por lo bueno o lo malo que te pasa, ya que solo Él conoce sus planes para ti.

 

¡Dios los bendiga y nos ayude a entender tantas cosas!

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