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Sábado 10 enero 1948. Aeropuerto General Andrews, Ciudad Trujillo, República Dominicana, Oficina de operaciones aéreas de la Compañía Dominicana de Aviación. Figuraba una lista de vuelo en una pizarra y un aviso de que la caseta de comunicaciones del aeropuerto de Santiago estaba fuera de servicio, debido a que el día anterior el segundo teniente piloto Reyes Kunhard (Llio) había hecho un vuelo rasante en un avión AT-6 y con la punta del ala había chocado y destruido la antena. Santiago no tenia comunicación aérea.

En la Llsta de vuelo doméstico figuraban dos aviones DC-3, con destino a Barahona, donde las tripulaciones pernotarían.

Al otro día esos dos aviones recogerían uno, al equipo de pelota (los jugadores), y el otro a los directivos de ese conjunto de baseball, para trasladarlos a Santiago de los Caballeros.

Como se estaba a la espera de la orden de despegue, el co-piloto Román Carbuccia salió del campamento por un momentito, en la cercanía del aeropuerto, al momento de salir, dieron la orden de despegar de inmediato. Al no encontrarse el co-piloto Román Carbuccia, ordenaron al segundo teniente piloto José del Carmen Ramírez Duval que sustituyera al co-piloto Román C., y se fuera de tripulante (co-piloto) hacia Barahona. Ya en esa ciudad, los tripulantes cumplieron con su misión: dormir en Barahona, y completarían la encomienda al otro día después de finalizado el encuentro de pelota, para llevar a los jugadores, directivos y fanáticos a casa.

En la tarde del día 11 de enero después de finalizar el juego de pelota, los dos aviones despegaron, con un intervalo de 15 minutos. Ya en el aire los aeroplanos, los tripulantes comenzaron a sentir el mal tiempo que imperaba en la ruta Barahona-Santiago, zona completamente montañosa. Comenzaron a derivar hacia la capital, (hacia el este). Desde Ciudad Trujillo hacia Santiago, las montañas son de menor altura. Si las condiciones meteorológicas lo permitían, intentarían continuar el vuelo hacia Santiago.

Cada vez que trataban de comunicarse por radio con el campo de aviación de Santiago, no lo podían hacer. Su torre de radio estaba destruida, y no podían conocer cuáles eran las condiciones de visibilidad y lluvia en las cercanía del campo.

El teniente Cartagena Portalatin decidió aterrizar en Ciudad Trujillo, y el teniente Hernando Ramírez determinó continuar vuelo hacia Santiago, esperanzado en que las condiciones climatológicas mejorasen. Al parecer olvidaron el aviso de que en el campo de aviación de Santiago no había comunicaciones tierra-aire y viceversa.

Nos imaginamos, suponemos, por nosotros haber transitado infinidad de veces esa ruta (Santiago-Barahona y vice-versa), que ellos trataron de volar visual por el cañón, que es el paso a baja altura, observando el terreno y pasando después del kilómetro 28 hacia Villa Altagracia, La Cumbre, Bonao, La Vega, donde comienza el valle de la Vega Real. A poca altura usted divisa la ciudad de Santiago, con gran riesgo, ya que ese paso es muy estrecho contando que a la izquierda (oeste) tiene la Cordillera Central, y a la derecha, (este) la Sierra de Yamasá, donde chocó el infortunado vuelo con los peloteros del equipo de Santiago, con la excepción del gran Enrique Lantigua y del co-piloto Ismael Emilio Román Carbuccia, el gran Toto, dos grandes hombres, cada uno en su rama, que por las cosas del destino siguieron dando ejemplos de laboriosidad, honradez, humildad y familiaridad.

Cuando ocurrió ese lamentable accidente, contaba con 9 años y 6 meses, menos dos días. Lo recuerdo porque a dos casas de donde vivía residían los hermanos Báez (los grillos). Dos de ellos murieron en ese accidente, Grillo A y C.

Hoy a 57 años de esa tragedia, les rindo un homenaje de recordación y respeto a los caídos en la tragedia de Río Verde.

*El autor de este texto, Ricardo Antonio Bodden López, es capitán piloto retirado de la Fuerza Aérea Dominicana.

 

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