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Periodista Alejandro Almánzar. Archivo.

Desde Mi Ventana Óptic

Por Alejandro Almánzar

Especial/Caribbean Digital

NUEVA YORK./ Fundada en 1936, la Policía Nacional nació viciada y apartada de las funciones propias como institución de orden público. Trujillo y Balaguer la usaron para fines inconfesables, y nadie sabía si era un órgano militar, de protección al ciudadano o aparato represivo del Estado.

Periodista Alejandro Almánzar. Archivo.

Esa mala práctica la llenó de delincuentes comunes, que vieron en ésta la oportunidad de conseguir dinero rápido, bajo la impunidad de un rango. El actual jefe policial, mayor general, José Armando Polanco Gómez, es el número 68 en el orden de oficiales que le han dirigido, siendo el primero, el coronel, Miguel A. Román (hijo).

Motivos de sobra tuvo la ciudadanía para sentir desconfianza de sus miembros, que en lugar de protegerle, sólo le reprimía, violándole sus derechos mediante el chantaje y la extorción, por eso no es extraño ver a oficiales y alistados tomando partida en el crimen organizado y el tráfico de drogas.

75 años después, las cosas parecen cambiar en la Policía, sobre todo, luego de la profilaxis llevada a cabo por oficiales profesionales, desde la gestión de Pedro De Jesús Candelier Tejada, 1999-2002, Manuel De Jesús Pérez Sánchez, 2004-2005, Bernardo Santana Páez, 2005-2007, Rafael Guillermo Guzmán Fermín, 2007-2010 y la espléndida labor del mayor general, Polanco Gómez y el equipo que le acompaña.

La correcta actuación de estos oficiales, ha cambiando el concepto que por más de cinco décadas mantuvo la población sobre la Policía Nacional, y comienza a sentir respeto y consideración por los uniformados, ellos se han empeñado en limpiar y barrer las escorias que la politiquería metió en su seno.

Para completar la obra, sólo falta que un oficial termine casándose con la gloria, recogiendo los policías que prestan servicios a particulares, haciendo labores de mensajeros, compras en Súper Mercados, choferes, jardineros, trabajando en fincas, bañando perros y llevar carajios a colegios, mientras la delincuencia se come los barrios donde vive la gente que paga con sus impuestos a esos policías.

Lamentablemente, no incluimos la gestión del buen amigo, Jaime Marte Martínez, porque teniendo de comandante en jefe a un individuo que todo lo cualquierizó, no era posible adecentar una institución como esta, como dice la Biblia, por sus frutos os conoceréis.

El sustituto del general Polanco Gómez, tiene la difícil tarea de imitar, igualar o superar sus acciones, más que nada, en términos de investigación donde ha dado cátedras, resolviendo casos complejos, propios del narcotráfico y el crimen organizado en tiempo record, como sucedió con el periodista José Silvestre, la empresaria higüeyana y otros.

Los pobres de espíritu y conciencia tienen garantizado un espacio en los vertederos, pero nuestros grandes hombres tendrán un sitial reservado en el más alto pedestal de la honorabilidad nacional. Ahora falta que el Ministerio Público y el Poder Judicial hagan su trabajo, para definitivamente derrotar a quienes han tomado a la República Dominicana como refugio de la criminalidad.

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