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Agentes de un equipo de los SWAT durante los registros ayer Watertown.

Caribbean Digital

 

 

Varios disparos sonaron este viernes junto a la calle Franklin de Watertown: el suburbio acomodado de Boston donde la policía perdió de madrugada la pista de uno de los dos presuntos de autores del atentado contra el maratón. Hasta tres medios locales aseguran que los policías han acorralado al fugitivo Dzhokhar Tsarnaev en una barcaza situada en el jardín de una de las casas de la localidad.

Agentes de un equipo de los SWAT durante los registros ayer Watertown.
Agentes de un equipo de los SWAT durante los registros ayer Watertown.

Los disparos sonaron en torno a las seis de la tarde: unos minutos después de la última comparecencia de la policía y al filo de la medianoche peninsular. Las autoridades acababan de anunciar la reapertura del transporte público de Boston y habían animado a salir de casa con cautela a la población.

La emisora pública NPR asegura que el terrorista sigue vivo y que los agentes no han actuado por cautela. Esperan que los artificieros lleguen a la zona para actuar por temor a que Tsarnaev esconda más explosivos dentro de su escondrijo.

La policía enseguida ha reinstaurado la prohibición que había levantado hace unos minutos y solicita a los vecinos que no dejen su domicilio hasta que no se resuelva la situación. Pero los vecinos se resisten a volver a sus casas después de pasar la jornada encerrados y aguardan el desenlace de la historia que mantiene en vilo a Watertown desde ayer.

La difusión de las fotos el jueves ayudó a estrechar el cerco sobre los autores del atentado del maratón. Pero también propició el inicio de una persecución violenta que llevó a las autoridades a aconsejar a los ciudadanos que no salieran de casa y decretar el cierre del sistema de transporte público, que no reabrió hasta la tarde de ayer.

La búsqueda arrancó en torno a las diez de la noche cuando se detectó la presencia de los sospechosos en un tienda 24 horas cercana a Harvard y se extendió durante la madrugada en una huida hacia delante que dejó un reguero de víctimas por la ciudad.

Los hermanos acribillaron a tiros a un vigilante en los aledaños del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), arrojaron varios artefactos caseros a la policía y dejaron a un agente malherido en un suburbio acomodado a orillas del río Charles.

Tamerlan murió a balazos durante la huida. Pero durante horas las autoridades seguían sin conocer el paradero de su hermano y las palabras de los portavoces policiales dieron a entender que podría haberse escurrido pese al cerco policial.

Una ciudad sitiada

La incertidumbre sobre el paradero del terrorista llevó a las autoridades a suspender el servicio de metro, los autobuses urbanos y los trenes que unen Boston con Nueva York. Durante horas se prohibió incluso circular a los taxistas y se les dijo a los ciudadanos que no debían abandonar su domicilio si no lo exigía una causa de fuerza mayor.

El aeropuerto permaneció abierto sin interrupciones. Pero la seguridad era más exigente que en otras ocasiones y en las terminales reinaba un silencio de funeral. Las autovías de acceso a la ciudad apenas registraban tráfico en torno a la una de la tarde. Un extremo insólito en una de la ciudades con peores atascos del país.

Cientos de policías permanecían desplegados en las esquinas exhibiendo sus fusiles de asalto a modo de amenaza y estaba cerrado el Museo del Tea Party, cuyo edificio es uno de los símbolos históricos más conocidos del país. Boston era una ciudad sin bancos, sin librerías y sin tiendas de ropa y en el centro sólo estaba abierto un café regentado por varios italianos en la cima de Beacon Hill. “¿De verdad tienen que una forma mejor de arrestar al miserable que decirle a todo el mundo que no sale de casa?”, se preguntaba a gritos su dueño en un recinto vacío en el que sólo entraba algún visitante en busca de un enchufe para el teléfono o unos minutos de conversación. 
No había muchos más lugares donde almorzar o pedir un café en el centro de Boston. Los Starbucks cerraron sus puertas y también el exclusivo restaurante del hotel Ames y todas las tiendas del bullicioso Fenouil Market.

Elmundo.es

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