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Alejandro Almánzar. Archivo.

Desde Mi Ventana Óptica

Por Alejandro Almánzar

Especial/Caribbean Digital

NUEVA YORK.Los hechos de sangre que a diario copan las primeras páginas de los Diarios dominicanos, hacen estremecer la conciencia de ciudadanos que han visto su paz perturbada, donde el crimen parece imponerse, sin que nada ni nadie lo detenga.

Alejandro Almánzar. Archivo.

Desde hace mucho tiempo, venimos advirtiendo del derrotero peligroso que en términos de violencia y criminalidad lleva nuestro país. Que la falta de atención a la familia y su accionar, está volviendo monstruos a muchachos en esos hogares de diferentes clases sociales, convirtiendo al país en tierra de nadie.

No hay exclamación con la cual dar rienda suelta a la impotencia que surge ante tanta irracionalidad. Oír el relato de quienes han sido víctimas de esos actos, nos convence de que marchamos hacia lo insólito, que la humanidad terminará sintiendo asco por los hijos de Duarte.

Las calles han vuelto a ser escenarios sangrientos, poniendo de manifiesto la crueldad de personas que han perdido la capacidad de convivir con lo civilizado y eso hay que detenerlo al precio que sea. Las autoridades deben recurrir a tratadistas de la conducta humana, para buscar en la psicología y psiquiatría la causa para que el ciudadano haya perdido valores tan elementales, como el respeto a la vida.

Analizar, hasta dónde el consumo de drogas está incidiendo en estos hechos aterradores. Seguimos insistiendo, que las leyes y la justicia deben ser revisadas, depuradas y adaptadas a la realidad, para detener esta alocada carrera criminal.

El Estado tiene el deber de revisar su accionar frente a la sociedad que marcha hacia una acelerada desintegración familiar y tomar los correctivos de lugar. No es posible leer en la prensa, que padres alquilan niños a narcotraficantes para vender drogas en esquinas.

Que el crimen organizado también se vale de “menores” para llevar a cabo su obra diabólica en el bajo mundo. Hace mucho que la crueldad se ha apoderado de nosotros, recordamos la forma fría, conque jóvenes de clase alta se entretuvieron torturando, asesinando y lanzando su cuerpecito a un lago, del niño Llenas Aybar. El horrendo drama de doña Miguelina Llaverias y familia, en Santiago, por parte su ex esposo, el empresario, Adriano Román.

Una estudiante que intentó envenenar a su maestra, porque no la dejaba pasillar en horas de clases. Un profesor que llevaba drogas a la escuela para comercializarla entre sus estudiantes. El joven que paga un sicario, para matar a su prima, y mientras esta se aferraba a su Dios, ese verdugo decidió comprar gasolina y pegarle fuego.

El último y que pone los pelos de punta, es la macabra decisión de tres “educadores” barahoneros, de asesinar a su compañera de forma dantesca, dizque por celo profesional. Si esto no es motivo de reflexión, entonces la perturbación de la paz seguirá siendo nuestro futuro y terminaremos viviendo como leones en la selva.

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