Compartir

Del periódico católico Camino

(Editorial para el domingo 2 de abril).

SANTIAGO, RD.– En marzo, los dominicanos estuvimos pendientes de los acontecimientos históricos que marcaron el nacimiento de la Patria. Nos referimos a las batallas del 19 y 30 de Marzo, en Azua y Santiago, que fueron decisivas para alcanzar el sitial libertario en el concierto de las naciones.

Las luchas fueron feroces. Hubo sangre derramada. Entrega sin reservas. El heroísmo de aquellos hombres marcó el camino para encontrar la ­libertad, secuestrada por el vecino invasor. El Norte y el Sur unieron voluntades para alcanzar el ideal común.

Fueron años de entrega y sacrificios. Se enterraron el miedo y el egoísmo, para pensar en la colectividad.

Al pasar los años, los dominicanos de hoy tenemos que enfrentar otra ba­talla, en esta ocasión, contra el mal de la corrupción, la inseguridad ciudadana y la falta de transparencia a todos los niveles que padece nuestro pueblo. Esta lucha no es menos riesgosa que aquellas que libraron nuestros antepasados. Estamos conscientes que hay intereses muy fuertes que son defendidos a cualquier precio. Estamos en peligro. Lo incorrecto, lo mal hecho, quiere imponerse como lo normal. El sueño de los forjadores de nuestra nacionalidad se nos aleja.

Hoy, como ayer, tenemos que sentar las bases de una sociedad sustentada en valores, en donde los privilegios particulares no ahoguen los anhelos de una comunidad nacional que busca vivir con dignidad.

La batalla de hoy es hacer cumplir la Ley, caiga quien caiga. No se admiten titubeos ni complicidades con los que hacen daño a los más pobres y excluídos de la sociedad.

Sólo así florecerá la semilla de la esperanza, para darnos una cosecha de estructuras nuevas, por donde transiten unas relaciones sociales armoniosas, revestidas de justicia y alegría fraterna.

 

No hay comentarios