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La localidad de Tierra Blanca (Veracruz, México) cuenta con su propio muro al estilo del que pretende levantar el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

En 2013, México comenzó a elevar esa construcción que, de acuerdo a algunos lugareños, se llevó a cabo en muy poco tiempo y sin previo aviso. Así, en cerca de dos semanas se levantaron los primeros kilómetros de una barrera de concreto que llega a medir hasta cinco metros de altura, según detalla la corresponsal de RT, Paola Guzmán.

Esa barrera está construida alrededor de las vías del tren de carga conocido como ‘La bestia’ que los migrantes utilizan para intentar llegar a territorio estadounidense en busca del ‘sueño americano’. Su función es proteger las mercancías de los convoyes, pero también pone vidas en riesgo.

El hondureño Mario es uno de tantos migrantes que emplearon ese transporte. Después de viajar desde la frontera sur de México, padecer hambre y sed y pasar días sin dormir, paró en Tierra Blanca y buscó refugio en el Albergue Decanal Guadalupano. Sin embargo, no contaba con que afrontaría un nuevo obstáculo: el muro ha dificultado a los migrantes encontrar el lugar.

La directora del refugio, Elizabeth Rangel, se pregunta “¿qué es más importante: la vida de una persona o una persona o la economía, las mercancías?” y considera que “estamos cortando las barreras humanas”.

El muro también afecta a los lugareños

Los viajeros no son los únicos afectados. Los vecinos de la zona aseguran que la muralla impide que circule el aire fresco cuando las temperaturas llegan hasta los 52 ºC en verano y, en la temporada de lluvias, dificulta la salida de agua. “Se nos hace una laguna, como si fuera un río aquí cuando es tiempo de agua”, asegura la lugareña Marisela Trujano.

A finales del año pasado, pobladores del centro de la ciudad impidieron que continuara la edificación de la barrera y derribaron lo poco que se llevaba construido cerca de sus casas, con el argumento de que afectaría el tránsito y su calidad de vida.

Dirigentes de Ferromex, empresa responsable de los trabajos que también controla los trenes de Ferrosur, han expresado que cuentan con un derecho de vía, que les permite construir una valla para proteger sus trenes y su carga. Después de varias reuniones con los responsables del comité No al Muro de Ferrosur, 5 de octubre, alcanzaron un acuerdo para colocar solo una malla que permita el paso de la luz y el aire. Además, la firma se comprometió a incluir alumbrado y realizar el mantenimiento de la zona.

Aunque la construcción de la valla sigue en curso, la tenacidad de varios vecinos logró que una parte importante de la comunidad ya no esté amurallada.

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