JOSÉ ALFREDO ESPINAL

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SANTIAGO, República Dominicana.- Para ser fiel se necesita obligatoriamente un proceso de oración permanente, en donde pidamos al Altísimo la sabiduría para enfrentarnos a los obstáculos que a diario se interponen en nuestras vidas.

Es un asunto de decisión personal, porque de fácil no tiene absolutamente nada.

A mi modo de ver, uno de los primeros escollos para la fidelidad es ir venciendo la justificación de que como “somos humanos”, cualquier puede cometer errores. He sumado a ese estilo de vida que muchos la usan para la defensa del pecado.

Pero, creo que como “somos humanos”, también se puede hacer lo correcto si tomamos la decisión de hacerlo siempre.

Fallar es una cuestión de humanos y rectificar, también.

Dios bendice a quien le es fiel.  “Ahora pues, si en verdad escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis mi especial tesoro entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra”, Éxodo 19:5.

Son muchas las tentaciones que el enemigo nos pone en el camino cada día. Cuando superas una, el enemigo te busca otra. Sin embargo, la grandeza que nos brinda Dios es que cuando superamos una prueba, nos fortalece más para vencer la otra.

Esa es la batalla diaria de aquellos que sufrimos cuando el alguien relacionado o no nos dice que “pasamos por pariguayos”, cuando no cedimos a los placeres que nos ofrece el mundo.

Otros llegan al extremo de decir que mientras somos fieles, los demás no los son con nosotros. Por lo menos en mi caso, esa no es mi preocupación. Cada quien es dueño de sus actos y por tanto será juzgado por ellos, para bien o para mal, tarde o temprano deberá rendir su cuenta.

Debo admitir que mantener la fidelidad con Dios, con mi esposa y con mis principios, no es tan sencillo. Yo diría, sin temor a equivocarme, que ha sido la tarea más difícil a la que debo enfrentarme cada día.

No obstante, puedo decir, de igual manera, que la fidelidad me ha dado tantos buenos resultados que he decidido seguir enfrentándome a la difícil tarea de ser fiel hasta el último respiro de mi vida. Cuando realmente le abrí mi corazón a Dios, tomé esa decisión.