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Alejandro Almánzar.

Por Alejandro Almánzar

Desde Mi Ventana Óptica.

Especial/Caribbean Digital

NUEVA YORK./Cuando un país no cuenta con la debida seguridad, donde la justicia no juega su rol de defender a la sociedad, si la criminalidad termina adueñándose de la paz social, podemos afirmar, que ésta débil democracia está llegando a su final.

Alejandro Almánzar.

La democracia no puede ser para delincuentes asesinar a hombres y mujeres de bien, ni a nuestros soldados, en el cumplimiento de su deber. Con asesinatos a oficiales de policías y militares, la obediencia al poder civil puede estar llegando a su fin.

Si esto es un plan debidamente concebido, pueden estar jugando con candela, sus mentores. Si la ciudadanía termina convencida, que un sistema de fuerza le garantiza su paz, tranquilidad y seguridad, no lo pensará dos veces, para deshacerse de esta democracia permisiva.

La cadena de crimines contra militares y policías es larguísima, lo que demuestra la fragilidad de nuestras leyes y la justicia, pues en Estados Unidos, por desalmado que sea un delincuente, lo piensa muy bien, para atentar contra la integridad física de agentes del orden y la ley.

El último de esos hechos, lo constituye el asesinato del teniente coronel, Cesar Augusto Ubrí Bocio, asistente del presidente de la DNCD, mayor general, Rolando Rosado Mateo, para “robarle” su vehículo.

Ninguna sociedad puede ser segura, si su sistema judicial se asocia a la criminalidad y delincuencia. Esa debilidad judicial quedó evidenciada, cuando el hijo del vicepresidente de la SCJ, introdujo un cargamento de dólares, desde Puerto Rico, en su avión privado, y apenas se presentó en el tribunal, en calidad de “testigo”.

Un juez, que manejando el expediente de un cargamento de drogas, dispuso la libertad de los inculpados, alegando que el mismo no establecía claramente, si era una condena de10 años, meses o días.  No puede tener éxito la lucha anti drogas, si la DNCD, captura a narcotraficantes, y se encuentra con que éstos han sido sometidos en múltiples ocasiones, ¿Cómo obtienen su libertad?

No puede haber paz y tranquilidad, si lo mismo pasa con delincuentes, que en su mayoría, al detenerlos la Policía, descubren que tienen hasta treinta expedientes en la justicia, por crímenes y robos.

Al parecer, quienes manejan la justicia, no les interesa para nada la democracia dominicana, pues al senador Darío Gómez, lo asesinaron elementos, que debieron estar en cárceles, y lo mismo sucedió ahora, con Wascar Cavallo Montero, quien en el 2006, fue sometido a la justicia por asalto y crimen, nadie sabe quién lo sacó de la cárcel, y cómo reingresa a la Policía Nacional.

Es imposible combatir la delincuencia con éxito, si más del 50% de los miembros de la Policía Nacional, están al servicio de particulares y ningún jefe de policía ha podido terminar con eso. Nadie tiene derecho a robarse nuestra libertad, construida en base a la sangre y el sacrificio. No podemos permitir, que la criminalidad provoque el colapso de la Democracia en el país.

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