Rafael A. Escotto

Por: Rafael A. Escotto

«El secreto de una vida exitosa es encontrar cuál es tu destino y entonces perseguirlo« (Henry Ford).

Al examinar la conducta política a lo largo de su historia, Rafael Abinader no se dejó fascinar por el enriquecimiento rápido que genera la corrupción de estado y la política.

Su participación en la política fue simplemente un soporte circunstancial para ingresar a sabiendas a una sociedad reprochable por el cúmulo de ingratitudes que genera esta actividad, pero con suficiente influjo en las tomas de decisiones de un país.

A propósito de la muerte de este gran hombre, digo que hay fortunas en nuestra sociedad y en otras sociedades que provienen de orígenes objetables. No quiero decir de fuente moralmente dudosa porque todo enriquecimiento da lugar a sospechas, Abinader es una de las pocas excepciones en países como este.

Naturalmente, toda forma de negocio debe sustentarse en acciones morales y éticas, pero tenemos que comprender que si estamos realizando una actividad comercial es para obtener ganancias  y ganancias significa codicia. Los empresarios siempre se quedan con las ganancias, pero las perdidas las reparten entre los empleados o la prorratean al producto.

El inversor busca ganancia o beneficio económico y economía se traduce en utilidad de un producto o proceso comercial. La venta de un producto o servicio genera unos ingresos totales. A esto hay que deducir los gastos o los costos totales más los impuestos.

No piense ni remotamente que una persona que invierte en un hotel o en una universidad un millón de pesos y, tras la venta de este servicio o producto recibe el doble habrá obtenido una ganancia de un 100 por ciento. A esta ganancia no se han considerado los llamados valores intangibles,  como el tiemplo dedicado a crear y desarrollar el servicio.

Para llegar a las revistas global de negocios Fortune, Forbes o Bloomberg  tiene que ser una compañía de ganancias. Quizás José Rafael Abinader Wassaf no sea Henry Luce, creador de la revista Times, no obstante, fue un hombre de visión, quien para llegar a la posición de adinerado que ostentó al momento de su fallecimiento tuvo que pasar por los niveles más bajos de la pirámide social de empleos, lo que hace su fortuna nada controvertible.

Llevó su experiencia como abogado y economista al ministerio de Finanzas; fue además, controlador General de la República, Director General de Impuestos sobre las Rentas, Director de la Oficina Nacional de Presupuesto y Rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, respectivamente, funciones que ejerció con suprema eficiencia y escrupulosidad.

Se le recordará por el renombre que le dio la labor, en su condición de Contralor General de la Nación, del cobro de 39 millones dólares adeudados por la Gulf and Western al Estado Dominicano. Don José Rafael Abinader dejó una obra pedagógica grandiosa titulada «Comentarios acerca del ahorro« en una sociedad con poco hábito a economizar, un libro valioso, sobre todo, porque educa sobre cómo fomentar el ahorro, y otro libro que censura el vicio del soborno con el título: «La corrupción administrativa en la América Latina«, focalizada a la República Dominicana, como otras obras no menos interesantes sobre «Ideas Económicas y Sociales«.

De manera excepcional, sus bienes patrimoniales no provienen del lucro de la actividad política ni del tráfico ilegal de influencia en perjuicio del Estado. Fue un empresario que supo aprovechar coyunturas de negocios de lícito comercio que se ofrecen en cualquier mercado de forma circunstancial, propio de la libertad de comercio y de la liquidación en el país de los viejos oligopolios y monopolios, abriendo un abanico de posibilidades a comerciantes y empresarios nacionales,

Como abogado y economista con vasta experiencia académica, don José Rafael Abinader pudo conocer otras económicas en vía de desarrollo y desarrolladas de América Latina y Europa. Estos conocimientos le permitieron almacenar y encausar ideas y proyectos de negocios de altísima rentabilidad económica y financiera.

Cuando se cuenta con una base intelectual y una disciplina en materia de inversión como la que demostró poseer el finado empresario santiagués, se aprende a colocar capitales para conseguir ganancias futuras. Esta disposición supone la capacidad de elegir no un beneficio inmediato improbable sino uno futuro con posibilidades de duplicar el capital invertido.

El doctor José Rafael Abinader fue conocido en el ámbito empresarial como un inversionista que trabajó bajo un plan de inversión indicativo. Siempre tuvo la precaución de colocar sus capitales en proyectos con un destino claro de lo que son los recursos financieros que tiene una compañía o empresa.

Como economista siempre tuvo en cuenta las tres variables esenciales: el rendimiento esperado (cuánto se espera ganar), el riesgo aceptado (probabilidad de obtener la ganancia esperada) y el horizonte temporal (cuándo se obtendrá la ganancia). Por estas precauciones fue considerado un hombre de éxitos.

Su estilo de vida mesurada y su habilidad para hacer negocios debe servir de modelo a quienes piensan invertir en algún proyecto. Algunas personas  que vieron el éxito en los negocios de este hombre quizás piensan que no tuvo obstáculos.

Lo importante de José Rafael Abinader Wassaf fue, como expresó el fundador de la marca de automóviles que lleva su nombre, Enzo Ferrari: «La voluntad obstinada de perseguir una ambición propia es verdaderamente una fuerza que puede hacer superar obstáculos«.

Esta muerte de Abinader enluta al país y, al mismo tiempo, llena de duelo a su familiares, a la sociedad política más sana de esta sociedad, entristece el alma noble de quienes como él invirtieron en la educación de la juventud a través de una universidad como la O&M, su legado más perdurable y, por consiguiente, más valioso en función de los grandes yacimientos que se descubren cada vez que un joven sale egresado de esa Alma máster y de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, a la que le sirvió honrosamente como Rector.

Para un país, como la República Dominicana, con tantos desafíos en los campos de la economía, de la política, la educación y del desarrollo humano que necesita superar, perder, en esta encrucijada tan fundamental a un educador de la categoría de José Rafael Abinader hará más laboriosa la tarea del progreso social,  la democracia política lucirá como si se retrasara en el tiempo y el impulso de la educación flaquearía por falta de un consejero de su extraordinario fervor y de su temple. Paz a su alma.

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