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Luis Rojas
José Luis Rojas. Archivo.

JOSE LUIS ROJAS

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Especial/Caribbean Digital

¿Quiere usted ser percibido, tratado y recordado por sus colaboradores como un jefe agradable? Posiblemente la respuesta a esta interrogante se divida entre sí y no. Esto así, porque en las mentes de algunos jefes de empresas e instituciones, subyace la falsa creencia de que ellos no son moneditas de oro para caerle bien a todo el mundo.

Luis Rojas
José Luis Rojas. Archivo.

Independientemente de la veracidad o no de este juicio de valor, la realidad es que las personas que sustentan responsabilidades gerenciales en las organizaciones, tienen que realizar esfuerzos humanos y profesionales que les permitan crear vínculos sostenibles con sus colaboradores internos. La buena imagen pública y la actitud positiva de los jefes agradables, contribuyen a crear climas laborales más productivos, competitivos, alegres y motivadores.

En este orden, se ha planteado que para ser un jefe agradable es necesario desarrollar competencias blandas, tales como: relaciones humanas positivas, trabajo en equipo, disciplina, empatía, madurez emocional, liderazgo, así como conocer y practicar con sus colaboradores la comunicación asertiva.

Los jefes agradables se caracterizan y distinguen porque no se emperran, enloquecen y obsesionan con el poder. Los que han logrado alcanzar el privilegio tienen que pensar, decir y actuar como líderes de servicio, con aptitud y actitud para ayudar a sus empleados a crecer humana y profesionalmente.

Por lo general, los jefes agradables son humildes, sencillos, empáticos, solidarios, tolerantes, negociadores y respetuosos de la dignidad humana. Estas habilidades  son las que permiten crear un clima laboral sano, solidario, participativo y creativo. Para ser un jefe agradable es imprescindible poseer buena autoestima y aprender a no  excluir a ninguno de sus colaboradores por el simple hecho de pensar diferente.

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