Por Miguel Cruz Suárez

Siendo yo un adolescente inauguraron la Pescadería de mi barrio, le colocaron el pintoresco y criollo nombre de LA BIAJACA AZUL (de ser ahora se nombraría la CLARIA MULTICOLOR). Fue todo un acontecimiento y con razón, porque se vislumbraba la posibilidad de entrarle al menú marino con más fuerza que nunca.
El día inaugural las neveras estaban repletas y la variedad era abrumadora, pescados de una policromía increíble, desde el gris plateado hasta el rosado más puro. Especies raras, que causaban gran asombro en todos nosotros, muchachos acostumbrados a las diminutas ¨guacharitas¨, como le decíamos a las biajaquitas que nuestros anzuelos capturaban en las charcas del famélico ¨Arroya Tusas¨, nuestro único río.
Unos meses después la cosa empezó a cambiar, la nevera perdió población y los colores se fueron extinguiendo reducidos al matiz casi único del chicharro sin cabezas. Aquella fue mi primera experiencia en cuanto a esas ¨escobitas¨ que nuevas barren bien; pero luego, le pasan por encima a la basura y ni cosquillas le hacen.
Después le sucedió lo mismo a la Guarapera Municipal ¨TE SACO EL JUGO¨ donde en sus inicios se colocaron hasta unas mesitas rústicas, para que los sofocados pobladores mitigaran su sed en elegantes jarras de cerámica roja acompañadas de un platillito de maní tostado, como cortesía de la casa. Al año siguiente te tenías que tomar el guarapo de pie, lo mismo en jarra que en jarro y el platico de maní, como decimos los cubanos, ¨Cantó el Manicero¨
Con el paso del tiempo he chocado una y otra vez con dichas escobas. Muchos son los espacios e instalaciones que abren sus puertas con merecidos bombos y platillos; se cortan cintas y se tiran fotos; se muestran sus virtudes en la televisión o se anuncian con entusiasmo por la radio y por otros muchos medios.
Meses después la cosa se complica y en la tablilla de aquella cafetería que prometía ser la delicia de los más exigentes y donde se anunciaba un exuberante número de ofertas, ahora sobreviven algunas heroicas croquetas, uno que otro refresco de sirope y diminutos panes con misterioso contenido.
Sucede que solemos poner el anuncio de META donde en verdad se ubica la mitad de la carrera; creemos que es final, lo que es inicio y damos por terminado el asunto cuando el aplauso inaugural se extingue. Pocos regresan después a revisar si la constancia ya es parte del lugar o si rutina y falta de gestión se han encargado de romperle el palo a la escoba nueva.

El autor es cubano, colaborador de los periódicos Granma y Juventud Rebelde.

La Bicicleta

Deja un comentario...