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Ángel Rondón y Víctor Díaz Rúa. Archivo

José Alfredo Espinal

SANTIAGO.- En su paso por el país el huracán Irma ha dejado un sabor amargo. Esta vez el fenómeno de la naturaleza no será recordado por los daños que casó por las lluvias y los vientos.

Las ráfagas de Irma encubrieron otro acontecimiento importante, como el cambio de la medida de coerción de prisión preventiva que pesaba sobre el empresario Ángel Rondón y el ex ministro de Obras Públicas, Víctor Día Rúa, imputados en el caso de corrupción de la empresa brasileña Odebrecht.

Mientras en los supermercados hacían su “agosto” con la mayoría de los dominicanos que se abastecían de los alimentos, por otro lado, un juez variaba la prisión preventiva por presentación periódica e impedimento de salida a los imputados en uno de los casos más grandes de corrupción en el país en los últimos años.

La ala del gobierno en la justicia, conocida como Ministerio Público, instrumentó un expediente que más que satisfacción, lo que ha dado es pena y vergüenza. Fue más la espuma que el chocolate en aquella obra de mal gusto, como en su momento calificaran importantes sectores, cuando hubo la orden de arresto contra los implicados en los supuestos sobornos de Odebrecht.

Un ministro y exfuncionarios arrestados, así como dos legisladores implicados y llamados a capítulo, fue parte del teatro de mal gusto montado para venderle al país que había una lucha contra la corrupción y la impunidad.

Ya lo decía un actual funcionario y exdiputado de la República, si no sueltan a Ángel Rondón medio país caerá preso. Como entenderán, el país no puede darse el lujo de quedarse sin políticos.

Irma, no hagas alarde por aguaceros y brisas. Tu presencia por el país no fue la culpable de la liberación de los acusados por el caso Odebrecht. Solamente fuiste utilizada como entretenimiento para que los “pendejos” dominicanos olvidáramos por un rato la corrupción y la impunidad que vive y reina en el país de las maravillas.

Irma, no te sientas mal. Contigo o sin ti, esa liberación de Rondón y Díaz Rúa iba como quiera.

 

 

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