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Uno sólo puede imaginar lo que podría pasar por la mente de Barack Obama y Mitt Romney, a través de la bruma de cansancio y la descarga de adrenalina que los empuja hacia la línea de meta.Fuente externa.

Caribbean Digital

 

BBC Mundo. A pocos días de que Estados Unidos vote a un nuevo presidente, ambos candidatos están haciendo un frenético esfuerzo para obtener ventaja en una peleada recta final.

Uno sólo puede imaginar lo que podría pasar por la mente de Barack Obama y Mitt Romney, a través de la bruma de cansancio y la descarga de adrenalina que los empuja hacia la línea de meta.Fuente externa.

El huracán Sandy ha obligado a cambiar su itinerario, pero después de meses en campaña, ambos candidatos se están exigiendo al límite.

Imagínese esta situación: ha dormido sólo cuatro horas en las últimas cinco noches, quizá sólo ha tenido cuatro días libres en los últimos dos meses, ha estado en diez estados en los últimos 30 días, y se acerca una noche en vela, o varias, durante el último esfuerzo.

Eso es más o menos lo que un candidato presidencial enfrenta a esta altura. Además, hay que contemplar la presión constante de estar bajo el escrutinio público, presentándose ante enormes multitudes, y el dolor en el brazo por estrechar miles de manos.

“Vamos a pasar la noche en vela. Sin dormir”, dijo el presidente Obama al comenzar la gira denominada “48 horas de vuelo, gran maratón”, que lo llevó a nada menos que seis estados de “batalla”, además de Los Ángeles para participar en un programa de TV y a Chicago para emitir su voto anticipado.

Entre tanto, Romney saltó de Colorado a Nevada y a Iowa, antes de embarcarse en un bus multi-paradas por uno de los estados más indecisos: Ohio.

Los calendarios están enloquecidos, y las rutas parecen un plato de spaghetti.

 

Ni día ni noche “Es una carrera al máximo” de aquí a la línea de meta, el 6 de noviembre, dice el veterano programador de campaña Reffe Paige, quien ha trabajado con cuatro candidatos presidenciales demócratas, de Gary Hart en 1984 a John Kerry en el 2004.

“En el tercer o cuarto estado, es difícil incluso recordar quién eres”, dice,“estás simplemente montado en la adrenalina”.

“Todos los que han trabajado en política saben lo enormemente variable que es y cómo las personas se cansan”, dice James Fallows, corresponsal nacional para el periódico The Atlantic, que trabajó con Jimmy Carter durante su campaña electoral de 1976.

Sin embargo, asegura que la resistencia requerida es poco apreciada tanto por los periodistas como por el público en general.

No compensar con calorías.El cuerpo percibe cuando no está obteniendo suficiente energía del sueño, y trata de compensarlo absorviendo calorías. Es un mal ciclo. Hace falta comer alimentos nutritivos.

Fallows era un veinteañero en ese momento, y cuenta que se sentía como si estuviera envejeciendo un año por cada día que pasaba.

“Básicamente no había día ni noche”, dice, desde el primer debate presidencial hasta el día de las elecciones.

“Las noches se pasaban en un avión, o en un hotel de mala muerte, entre la una y las cuatro de la mañana”.

Las últimas 48 horas de la campaña las recuerda como algo borroso.

Es difícil pensar en un trabajo que requiera una combinación de semejante aguante y estar “encendido” todo el tiempo, agrega.

Probablemente la analogía más cercana sería la de un general de ejército durante la guerra.

“Es increíblemente agotador”, coincide Logan Walters, ayudante personal de George W Bush durante cinco años, que viajó constantemente a su lado durante su campaña contra Al Gore en el 2000.

El trabajo de Walters era ayudar en las necesidades del día a día, tales como comer, descansar y dormir, una tarea conocida como “the body man” (el hombre del cuerpo).

“Es totalmente agotador”, explica Walters, que tenía 25 años en aquel momento.

“Pero también es muy emocionante. Hay un montón de adrenalina. Esto es para lo que siempre has trabajado, por lo que el cansancio se deja a un lado”.

“No sirve de nada quejarse, porque esto es con lo que tú te comprometiste”.

La intensidad de la campaña electoral tiende a fomentar una especie de “humor de trinchera “, entre los que comparten la experiencia, asegura Fallows.

Y esto ayuda a mantener el ánimo en los momentos difíciles.

 Pan con mermelada y té helado para los candidatos. La vida en la carretera trae muchos problemas prácticos: cuándo y dónde comer y cómo lavar la ropa cuando nunca te quedas lo suficiente en un lugar.

George W. Bush comió pan con mantequilla de maní y mermelada para seguir adelante, y su padre, chicharrón.

A Obama le encanta el té helado y a John Kerry, la Coca Cola light.

En cuanto a la ropa, a menudo la reciben por correo o se plancha varias veces.

“Planchaba sólo la parte necesaria de camisas y trajes”, dice Walters.

Las cosas son un poco más cómodas y la logística del transporte más sencilla– para un presidente en ejercicio, gracias a la oportunidad de viajar en el avión presidencial.

Éste cuenta con un sofá-cama decente, un entorno de trabajo mejor que el de un avión estándar, y tiene espacio para algunos equipos simples de gimnasio, dice Reffe.

Pero toda esta falta de sueño y cansancio implica algunos costos obvios.

“Una sola declaración tonta, por culpa del cansancio, echa por la borda semanas de trabajo.

La programación adecuada, el uso adecuado del factor humano, es lo más importante que una campaña puede hacer”, dice Reffe.

“Es como mantener a un caballo alimentado y con agua”, dice. “Comer, dormir, pensar lo convierte en un candidato mejor.”

Esto es más fácil de decir que de hacer y siempre hay una tensión entre la organización central y el equipo de campaña local, que quiere aprovechar al máximo las visitas de los candidatos.

Todo, absolutamente todo tiene que ser programado, asegura Reffe. Desde la comida, el sueño, hacer ejercicio, e incluso una llamada telefónica entre el candidato y su pareja.

“Esa es la realidad,no tienes más control sobre tu vida”, dice. Algo que parece difícil hace entender a los postulantes a un puesto de este nivel, que tienden a tener un ego bastante desarrollado y están acostumbrados a estar a cargo.

“Cada candidato tiene un reloj biológico diferente y una trata de jugar con sus fortalezas”, argumenta Reffe.

Bill Clinton era conocido por su energía sin límites, y necesitaba dormir muy poco, quedándose hasta altas horas de la noche, recargándose a sí mismo con siestas de 20 minutos al día.

El candidato demócrata Gary Hart odiaba las mañanas, mientras que George W. Bush era más proclive a irse temprano a dormir para levantarse antes.

Su equipo trataba de mandarlo a la cama no más tarde de las 10:00 pm, cuando era posible, dice Walters.

Ejercicio físico en la carrera presidencial. Una de las estrategias para hacer frente a la tensión y mantener la resistencia es el ejercicio.

Romney es conocido por trabajar en la máquina de ejercicio elíptica, y a Obama le gusta jugar al baloncesto.

“No es accidental que ambos sean impresionantes especímenes físicos”, dice Fallows.

“Creo que vamos a ver más y más personas que parecen excepciones positivas para su grupo etario, simplemente porque eso es lo que se necesita para postularse para un cargo”.

“No hay duda de que hay que estar en buena forma física para ser candidato a la presidencia”, coincide Michael Dukakis, el adversario de George Bush padre en 1988.

“Yo acarreaba un set de pesas de mano conmigo en la campaña electoral y caminaba dos o tres millas al final del día”.

George W Bush también trata de hacer ejercicio todos los días, ya sea corriendo al aire libre, o en una cinta en su habitación de hotel.

Pero no importa lo duro que eres, hay momentos en que la tensión termina por causar estragos.

El costo del esfuerzo. El primer signo suele ser la ronquera de la voz, algo notorio en el presidente Obama en los últimos días.

Bill Clinton sufrió de laringitis en la campaña electoral de 1992 y los médicos le recomendaron descansar la voz.

“Hay una gran cantidad de candidatos que se agotan por completo, y que tienen que tomar una semana de descanso; y ese es el beso de la muerte”, dice Richard Ben Cramer, autor de “Lo que se necesita: el camino a la Casa Blanca”.

Richard Nixon fue un ejemplo de ello en su campaña presidencial de 1960, cuando se comprometió a ir a cada uno de los 50 estados.

“En aquel contexto de aviación, fue la cosa más agotadora y estúpida que podía hacer”, dice Fallows.

“Hay que quitarse el sombrero ante ellos, ante cualquiera que pase por este proceso”

Richard Ben Cramer, autor de “Lo que se necesita: el camino a la Casa Blanca”

“Acabó agotado y se enfermó. Su rodilla quedó atascada en una puerta y tuvo que ir al hospital por una semana, con una rodilla hinchada en medio de la campaña”.

Muchos creen que el rigor y el vigor de una campaña electoral es una buena prueba para un aspirante a presidente, eliminando a aquellos que no sería capaz de resistirla.

Otros están en desacuerdo. “Ciertamente, uno podría imaginar criterios mucho más importantes que la resistencia y la capacidad para estrechar manos”, dice el profesor Sydney Finkelstein, experto en liderazgo eficaz en la Tuck School of Business de Dartmouth.

Más reflexión, menos campaña. El profesor cita la apertura mental, las habilidades de trabajo en equipo, la adaptabilidad y la capacidad de inspirar y comunicar como cualidades más útiles.

Michael Dukakis, quien perdió su candidatura a la presidencia, dice en retrospectiva que, si hay algo que haría de otra manera, sería hacer menos campaña.

“En retrospectiva, hubiera pasado más tiempo pensando acerca de la estrategia y el enfoque, y menos en las apariciones de campaña”.

“Reducir la campaña medio día a la semana hubiera sido muy útil”, añade, diciendo que una reunión regular los lunes en la mañana con su compañero de fórmula Lloyd Bentsen y su equipo habría sido una buena idea.

Uno sólo puede imaginar lo que podría pasar por la mente de Barack Obama y Mitt Romney, a través de la bruma de cansancio y la descarga de adrenalina que los empuja hacia la línea de meta.

Quedan pocos días del final, y todo está por decidirse en esta elección. Está tan peleada que pocos se atreven a predecir qué dirección tomará.

Los dos intentan arañar tantos votos como sea posible en los estados clave que decidirán quién gana.

Quienes aspiran a llegar a la presidencia poseen ambas características: una increíble capacidad de aguante y fortaleza de carácter, opina Richard Ben Cramer.

“Son personas notables, aunque no lo parezca”.

“Te tienes que quitar el sombrero ante ellos, ante cualquiera que pase.

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