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Periodista Eugenio Taveras. Archivo.

Por Eugenio Taveras

Especial/Caribbean Digital

SANTIAGO, RD.-El lamento del presidente de Hogares Crea, Leopoldo Díaz, no tiene razón en lo absoluto porque uno de los grandes horrores que cometen sus orientadores es inculcarles a los jóvenes que llegan a sus instalaciones que “el adicto tiene cura” y es ahí donde comienza el descalabro.

Periodista Eugenio Taveras. Archivo.
Periodista Eugenio Taveras. Archivo.

Pertenezco al programa de Alcohólicos Anónimos, y aclaro: no me arrepiento, y a mí se me inculca, se me reitera que lo único que no puedo hacer es darme el primer trago porque ahí mismo inicio el descalabro con la condición de que será peor la próxima vez.

Los jóvenes y adultos de Hogares Crea llegan a esa institución y los ponen en cautiverio, creo, durante dos años, tiempo en el cual ellos, “los orientadores”, estiman que pueden volver a hacer una vida normal, primer error y mientras son presos de confianza los envían a vender baratijas, segundo error.

Los miembros de Alcohólicos Anónimos no nos supervisa nadie, solo se nos advierte cuáles son las consecuencias de un primer trago, y punto, por lo tanto, aprendemos que podemos estar en la Antártida y aunque no me estén viendo no puedo darme esa primera copa que tanto daño me hizo e hice; ahora bien, nadie me lo prohíbe, pues como miembro soy responsable de mis actos y debo aprender cuáles son las penurias a las que me puede llevar un insignificante trago.

La política del párrafo anterior ha sido tomada por Narcóticos Anónimos, ya que la teoría utilizada por ellos es la misma de Alcohólicos Anónimos y solo han cambiado AA por NA, claro, con el permiso expreso de la comunidad a la que me digno pertenecer.

El aumento del número de niños, niñas y adolescentes en el mundo de los estupefacientes busquémoslo en la dejadez de los padres, en la falta de orientación por parte padres, madres y tutores, porque seré irracional en cuanto al uso del término educación utilizado para colocárselo, por error, a la institución encargada de preparar a nuestros, y sigo insistiendo en que la verdadera educación está del umbral de la puerta hacia adentro y no hacia fuera.

Hoy, la crianza es un mito, ayer, era una responsabilidad; hoy, cada quien anda por su lado, ayer la familia estaba más unida; hoy, a muchos padres poco les importa que hacen sus hijos, por dónde andan, con quién se juntan, cuándo llegan a la casa, cómo llegan a la casa, con qué llegaron a la casa, y muchas interrogantes más. H

Hoy, las familias se pasan todo un fin de semana dentro de la casa y la comunicación se hace efectiva a través de mensajes por facebook y celular, ayer no existía la tan ansiada tecnología y los miembros que conformaban el hogar disponían de más tiempo para dialogar y para cada quien darse cuenta dónde estaban las fallas para buscar los correctivos de lugar, hoy, los problemas acogotan el centro mismo de la mayoría de hogares del mundo y nadie dice esta boca es mía aún cuando la desgracia toque las fibras más sensibles.

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