Ilustración. Foto cortesía de Google.

José Alfredo Espinal

Caribbean Digital 

SANTIAGO, República Dominicana.-  Si el poder político controla los estamentos instituciones constituye para cualquier nación un peligro para su democracia. Queda demostrado porque de manera sutil quienes ostentan el poder imponen su criterio por encima de la razón y de las propias leyes.

Y penosamente, grupos que reciben partidas económicas de una u otra forma son cómplices de las maquinaciones y los propósitos del poder gobernante.

Cuando se impone el poder político sobre el criterio de la razón, a la vez que se ignora el voto disidente de la gran mayoría de los demás sectores de la clase política y de la sociedad civil de una nación, como se llame, el país en cuestión está siendo sometido a un régimen con apoyo popular que luego para desprenderlo es con sangre si no se toman a tiempo los correctivos de lugar.

Por eso resulta tan peligro para el sistema democrático la acumulación de poderes en las tomas de decisiones de un pueblo. Las democracias se debilitan si se acumulan poderes de un solo lado; se fortalecen cuando existe un contra peso político e institucional real desde otros ángulos.

El poder avasallador de un grupo siempre querrá imponerse a los demás a como dé lugar, máxime cuando desde las instancias de las instituciones públicas que deben tomar decisiones propias de acuerdo a sus facultades constituciones se actúa amparado por la decisión de otros.

He sabido que cuando en una nación desde el Gobierno se controlan todos los estamentos de la sociedad se pierde la esencia de la democracia y el poder del pueblo se reduce a la voluntad de un grupo que gobierna y que se cree invencible porque en un momento determinado exhibe la supremacía política, económica, militar y judicial de la sociedad.

Nada es más parecido a una dictadura cuando un ciudadano es alejado del Estado o de cualquier servicio social a nivel público por el simple hecho de no sujetarse a la línea partidaria de sus gobernantes.

Está demostrado que la democracia para una persona ya no es simplemente hablar y escribir cuando se quiera, sino vivir con dignidad, respeto, derecho a elegir y ser elegido, y recibir atenciones. El Estado está obligado a brindarle a todos sus ciudadanos condiciones de vida digna, sin importar las razones políticas partidarias, credo religioso o condición social de ese individuo. No es solo un grupo el que tiene derecho a recibir los beneficios de quienes gobiernan.

Es un riesgo inminente cuando desde un gobierno se controlan todos los poderes de un estado. Tarde o temprano habrá repercusiones.