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HOUSTON. Las figuras ofensivas de los jardineros Giancarlo Stanton, de los Marlins de Miami, y el novato Aaron Judge, de los Yanquis de Nueva York, ha hecho posible que los cuadrangulares vuelvan a ser protagonistas en el mundo del béisbol de las Grandes Ligas.

Casi dos décadas después del apogeo de una época conocida como la “Era de los Esteroides”, el béisbol profesional está ya cerca de batir nueva marca de cuadrangulares en una temporada.

La hazaña deportiva no sólo permitirá superar una marca sino que también dará nueva imagen de limpieza al deporte pasatiempo nacional.

Hasta el lunes, 5.683 jonrones han sido conectados, 10 menos de la marca establecida en el 2000.

Se pueden plantear muchas razones como pueden ser cambios en las pelotas, el renacer de Stanton, el inicio sensacional en las carreras de Judge y el también novato Cody Bellinger, de los Dodgers de Los Angeles.

“No creo que vayamos a tener una sola explicación sobre por qué hemos visto tantos”, valoró el comisionado de Grandes Ligas, Rob Manfred. “Pero los beisbolistas son más grandes y fuertes. Juegan un poco distinto, en términos de la manera en que abanican”.

Manfred también destacó que los lanzadores tienen mayor poder, son más fuertes.

“En lo que sí estoy tranquilo es con respecto a la pelota, pues de acuerdo con nuestras pruebas, no hay nada distinto en su confección”, subrayó Manfred.

El año pasado hubo 5.610 cuadrangulares, un promedio de 2,31 por partido, y el de este año de 2,53 apunta a un total de 6.143. Esa cifra sería un aumento de 47 por ciento de los 4.186 vuelacercas del 2014.

“El juego ha cambiado”, admitió Joe Girardi, piloto de los Yanquis de Nueva York. “En comparación cuando jugaba, ahora se roban menos bases, se toca menos y se intenta menos el bateo y corrido. Ya no regalas los outs, dejas que los bateadores hagan swing”.

Un total de 107 jugadores han bateado 20 cuadrangulares este año, a solo tres del récord establecido la pasada temporada, y por encima de los 64 en 2015.

“Parece que la pelota se eleva más por parte de gente que la manda más lejos de lo que quizás hicieron hace un año, y parecen ser las mismas personas”, comentó Paul Molitor, manejador de los Mellizos de Minnesota, un miembro del Salón de la Fama.

A la par de los inmensos batazos están los ponches, que fijarán un récord por décimo año seguido. El acumulado era de 36.964 hasta el domingo, un promedio de 8,25 por juegos que debe llegar a 40.099 al final de la campaña.

“El enfoque es batear jonrones y tolerar los ponches”, valoró Reggie Jackson, otro miembro del Salón de la Fama. “No me gustan para nada los ponches y yo era el rey de los ponches”.

Jackson fijó un récord con 2.597 ponches en su carrera, incluyendo una marca de 171 en 1968. Seis jugadores han superado los 171 este año, con Judge de líder con 197.

El toletero de los Yanquis podría eclipsar el récord de Mark Reynolds para una temporada, los 223 que recibió en 2009.

“Te dejarían en la banca”, comentó Jackson. “Pero no creo que puedes dejar sentado a alguien con 90 impulsadas y 40 jonrones. Ese es el caso de Judge. No puedes sentar alguien así”.

Las autoridades del béisbol están preocupadas por el ritmo lento de los juegos y también se han alarmado por el auge de los ponches.

Este año superará los 38.982 de la pasada temporada, un incremento de casi 8.000 con respecto a los 32.189 en 2007. El alza de los ponches coincide con un incremento de la velocidad de las rectas; las de cuatro costuras han promediado las 93,2 millas por hora este año (153 kilómetros por hora), un aumento con respecto a las 91,9 millas por hora (148 kilómetros por hora), según datos de las Grandes Ligas.

“Los relevistas te lo ponen muy difícil. Empiezas con el abridor y luego te tocan relevistas de primera categoría, que lanzan y buscan poncharte en cada oportunidad”, destacó el jardinero Mark Trumbo, de los Orioles de Baltimore, que encabezó las mayores en jonrones el año pasado.

Trumbo explicó que los pitchers tiran más fuerte y no hacen fácil que le hagan contacto con la pelota cuando te llega a 98 millas por hora (158 kilómetros por hora) en la zona.

Los esteroides propulsaron el auge jonronero a fines de los 90 y al comienzo de la década posterior.

Los números mermaron cuando en 2004 se empezó a tomar controles antidopaje e imponer sanciones. El promedio de cuadrangulares declinó en 2014 a su nivel más bajo desde 1992, y empezaron a subir durante la segunda mitad de 2015.

Grandes Ligas asignó el Centro de Investigación de Béisbol de la Universidad UMass-Lowell la tarea de analizar las pelotas.

Alan Nathan, profesor de física de la Universidad de Illinois, asesora como parte del control de calidad. Las Grandes Ligas insisten que las pelotas cumplen con las especificaciones del reglamento.

Manfred no manifestó inquietud de que el actual incremento obedezca a una sustancia que no se puede detectar.

“Nunca he dicho que es imposible que pueda existir algo que no hemos detectado”, reconoció Manfred. “Lo que quiero decir es que hacemos mucho más, con mayor frecuencia y sin ser muy predecibles, y con mejores controles. Es todo lo que podemos hacer”.

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