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Alejandro Almánzar.

Desde Mi Ventana Óptica

Por Alejandro Almánzar

Especial/Caribbean Digital

NUEVA YORK./ El llamado Primer Mundo, compuesto por naciones desarrolladas, vivió durante siglos, indiferente a la realidad que padecen aquellos que ocupan el Quinto Mundo, donde más del 90% de la población hace malabares para subsistir.

Alejandro Almánzar.

Pero con la llegada de la Globalización, los tiempos cambiaron y esas naciones que parecían invulnerables frente a cualquier crisis de corte económico, hoy son sacudidas por revueltas populares, donde la gente exige el derecho a vivir.

Es por eso que vimos cómo una masa humana salía a las calles de París, quemando neumáticos, lanzando escombros a las vías públicas, destruían propiedades, lo que nos hizo pensar, estábamos en el centro de Capotillo, un empobrecido sector de la capital dominicana, caracterizado por este tipo de protesta.

Grecia, la meca de la civilización, no ha estado ajena a la miseria que toca las puertas de sus habitantes, por lo que también ha tenido que soportar rebeliones callejeras, y ver resquebrajado su sistema político. Esa ola de reprobaciones sigue extendiéndose por Estados Unidos, Europa y otras naciones, donde las luchas sociales nunca habían hecho acto de presencia.

Y es que el hambre igualmente se ha globalizado, dejando de ser exclusiva de países tercermundistas, como lo demuestra el movimiento “Los Indignados”, el cual cada vez toma más fuerza, compuesto por una clase acomodada, que de repente comienza a saber lo que mortifica ir a la cama con una sola comida por día.

Este fenómeno se ha sentido con fuerza en la emblemática New York, donde Los Indignados, tomaron como epicentro a Wall Street, el centro económico que representa el poderío de esta gran urbe. La demandan de una mejor distribución de las riquezas sigue tomando cuerpo en todo el mundo, ya que, sólo el 5% de la humanidad concentra todo el capital, mientras el 95% vive en medio de precariedades.

Lo cierto es, que con el pasar de los días, mas personas engrosan a la fila de la pobreza y con esto, al grupo de Los Indignados, pues lo ganado a penas sirve para el pago de renta, comida y transportes. Muchos ya no pueden hacer vida social, o tomar un crucero para obtener el esparcimiento a través de un viaje placentero.

Sería importante, que aquellos que han creado organismos económicos mundiales para mediante la especulación adueñarse de los pueblos, tengan presente que el hambre es mala consejera, que la paz y la seguridad nadie podrá imponerla recurriendo a la guillotina o el paredón, como sucedió en el pasado.

Las luchas por la sobrevivencia fue hasta hace poco, herramienta de nuestros pobres países, donde las fuerzas públicas detenían a sus organizadores y con unas cuantas bombas lacrimógenas las aplacaban, pero el nivel de desesperación al que han sido llevadas grandes naciones, ha provocado la indignación colectiva, la cual no podrá ser detenida con métodos represivos.

La exclusión social genera mayor terrorismo que el fundamentalismo, quizás estamos a tiempo, aún.

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