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Dr. Arcenio Estévez Medina. Archivo.

Dr. Arcenio Estévez Medina

Especial/Caribbean Digital

SANTIAGO, RD./Las posibles causas de este dolor son muchas, pero entre las más frecuentes se encuentran problemas de la vejiga, patologías de la próstata y del útero, siendo muy común en este último caso la dismenorrea (dolor de la menstruación). También forman parte de esta larga lista el estreñimiento, cáncer, proceso pélvico inflamatorio, cálculos (piedras en los uréteres y uretra prostática), entre múltiples trastornos más.  Hay otras causas con menor presencia como la apendicitis y la linfadenitis mesentérica, que pueden manifestarse con un dolor ubicado en mayor grado a nivel de la parte diestra del bajo vientre, llamada fosa ilíaca derecha.

Dr. Arcenio Estévez Medina. Archivo.

La apendicitis produce un dolor que no mejora y sólo la extirpación quirúrgica del órgano puede terminar con él.  En el caso de la linfadenitis mesentérica, un trastorno muy parecido a la apendicitis -que incluso, ha motivado, de manera incorrecta, muchas apendicectomías-, no amerita esta cirugía ya que la situación desaparece poco tiempo después sin tener que llevar al enfermo al quirófano.  De hecho, en algunos países desarrollados las estadísticas han establecido que en una de cada cinco personas operadas por esta causa el reporte de patología al hacer la biopsia demostró que lo que había era una linfadenitis mesentérica, pero la mayoría de las veces la gente no se entera de esta información.  ¿Quién sabe a cuántas personas con este trastorno benigno, de evolución rápida y fácil, se les ha extirpado sin necesidad este órgano llamado apéndice en nuestro país?

En ambas patologías el afectado presenta fiebre, náusea, dolor en fosa ilíaca derecha y falta de interés por ingerir alimentos; pero la linfadenitis mesentérica casi siempre es precedida por una infección de vías respiratorias altas y no hay rigidez abdominal o vientre en tabla como sucede con la apendicitis.  Además de la historia clínica, que debe hacer el profesional de la salud, están los estudios de laboratorio y la sonografía abdominal donde podemos determinar si hay inflamación o no.  Esto establece la diferencia entre someter a la persona al procedimiento quirúrgico de una apendicectomía o dejarla evolucionar de manera conservadora con el tratamiento farmacológico de lugar.

Casi siempre la gente asocia este dolor en bajo vientre a problemas de la vejiga.  Sin embargo, la mayoría de las veces no es así y tenemos que investigar entre muchas posibilidades para llegar a descubrir la causa del trastorno y así lograr un tratamiento certero.

Cuando se trata de una dismenorrea (dolor de la menstruación), ya la historia clínica orientará mucho al médico y el tratamiento a escoger será muy efectivo.  En el caso de cálculos –piedras- en las vías urinarias, además del examen físico y los estudios de laboratorio clínico, la imagenología, tanto la sonografía como la urografía excretora pueden orientar bastante para establecer el diagnóstico y la administración del tratamiento correcto.

Otros problemas de salud que pueden cursar con dolor en bajo vientre son los procesos infecciosos de vías urinarias, las parasitosis e infecciones intestinales y hasta problemas psicógenos, podrían incluirse entre las causas de este trastorno.  El estreñimiento también debe incluirse como factor productor de este síntoma.  Si la persona afectada está constipada y no es tratada seguirá sufriendo de su dolor hasta que se resuelva esta causa.

Cuando el problema aparece en un hombre debemos incluir la posibilidad de que existan patologías de la próstata, como aumento del tamaño, inflamación o cáncer, desencadenando el mismo.  Lo importante es que en el dolor abdominal del bajo vientre, o de cualquier otra topografía, siempre investiguemos a profundidad su causa antes de instaurar un tratamiento porque éste va a depender mucho de ella.

 

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