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Arismendy Rodríguez

Por Arismendy Rodríguez

Especial/Caribbean Digital

SANTIAGO, RD.- La República Dominicana aparece en el puesto 94 de 162 países del ranking del Índice Mundial de la Paz 2013; por lo que ha registrado un aumento en los indicadores de violencia, pues, en el año 2012 se situó en el puesto 91.

 Arismendy Rodríguez
Arismendy Rodríguez

La percepción que tenemos es que hoy somos más violentos, las estadísticas dan cuenta de lo mismo, aunque a veces se quiera manipularquien sabe con qué propósito.

Pretender ocultar lo que está ante nuestros ojos, y que además es un tema de importancia capital por su repercusión en todo el quehacer social, no resulta saludable. Sería como meter la cabeza debajo de la arena o cubrirse los ojos esperando que el problema desaparezca mientras este se profundiza y empeora. Es hora de hacer algo: por lo menos admitir que el problema existe.

Debido al fehaciente hecho del incremento e impacto de la violencia a escala mundial, algunos organismos o instituciones se han dedicado a estudiar la incidencia de los cuadros de violencia en el aspecto económico. Por ejemplo el Foro Económico Mundial, en la versión 2013-2014 del Índice de Competitividad Global, da cuenta de cuánto le cuesta a las empresas combatir la violencia o invertir en seguridad. De 148 países la República Dominicana aparece en el puesto 131, muy cerca de ser la campeona en gastos o costos para combatir la violencia.

Este panorama lo que nos indica es que nuestras empresas deben dedicar al blindaje contra la violencia muchísimos recursos que pudieran destinar a hacer más eficiente y competitiva su operación. Y, peor aún, nunca se sabrá el costo real que la situación de incremento de la violencia representa para un país, ya que también el clima de violencia constituye un escollo para el aumento del flujo de inversiones hacia un país. De manera que, no es solo el problema que enfrentan las empresas existentes, sino también el contexto desfavorable y desmotivador para nuevas inversiones.

Hoy por hoy, los factores ligados a la violencia, así como la corrupción, inestabilidad política y burocratismo, son los que más deprimen el flujo de inversión hacia un país.

Eso ocurre en el ámbito privado, pero el panorama desde lo público o el Estado es mucho más desalentador. Lo que cuesta al Estado dominicano (mal)combatir la violencia da gana de llorar. Según refiere el Índice Mundial de la Paz 2013, en República Dominicana se destina el 6% del PIB para revertir la situación de violencia que vive la población. Eso es mucho dinero (unos 6,360 millones de dólares). Para que sólo se tenga una idea, pregúntenle a los sectores que se desvelaron tanto para que el Estado cumpliera con la asignación del 4% del PIB para la educación a ver si eso no es mucho dinero.

Esos 6,360 millones de dólares pudieran muy bien dedicarse a otras áreas como la salud o la misma educación, pero tienen que dedicarse a políticas públicas tendentes a (mal) combatir la violencia.

El reto es trabajar en la formación de mejores ciudadanos, capaces de convivir en paz con los demás, respetuosos de la ley. Prevenir la violencia mediante la educación es el camino más seguro y duradero. El sendero más pernicioso es dejar que la violencia cale hondo en la sociedad, para luego recoger nuestros muertos y (mal) combatirla.

El autor es profesor de Derecho Político y Constitucional en la UAPA.

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