Comunicarse a través de los mensajes de voz de WhatsApp es el truco antiedad más eficaz. Si quieres que el del otro lado piense que eres un millenial (un ser humano fresco, nativo digital y lleno de gracia), no le mandes un mensaje escrito, sino uno de voz. Deja que te escuche y piense que perteneces a esa generación que cree en lo audiovisual sobre todas las cosas y que cuando se cruza con un libro se hace un selfie como si hubiera encontrado una reliquia.

Antes, estos escarceos ocurrían por escrito y servían, entre otras cosas, para poner a prueba la ortografía del otro. Si eras de naturaleza gramaticosensible, los primeros mensajes funcionaban como una criba. Pero eso forma ya parte del pasado: lo primero que vas a conocer del otro es su tono de voz. Y quizás nunca sepas que es incapaz de distinguir entre ‘a ver’ y ‘haber’. La vida es dura.

Últimamente, solo me dedico a tontear con audios. Me parece más ágil y da menos pereza que ponerse a escribir con puntos, comas, mayúsculas y minúsculas. Si del otro lado insisten con enviar mensajes escritos, empiezo a activar todos mis prejuicios: o hablo con un señor del Pleistoceno o con un tartamudo. Así somos ahora: solo creemos en las primeras impresiones y no damos segundas oportunidades.

Entre las prestaciones de los audios de Whatsapp están la rapidez y la posibilidad de dejar mensajes más largos, desarrollar una teoría filosófica o declarar tu amor con todo tipo de cursilerías y sin usar ni un emoticono. Además, puedes insultar con el tono adecuado, gritar si te apetece o cantar. Solemos ser menos dramáticos cuando hablamos que cuando escribimos, por tanto las posibilidades de hacer el ridículo se minimizan. El único punto débil que le veo a mi nuevo hábito es la falta de privacidad.

Alguna vez me he puesto a escuchar un mensaje de voz en el autobús y he pillado a mi compañero de viaje muy atento a la evolución de mi affaire. Cuando he contestado, pegándome bien el teléfono a la boca, para que no me oyera todo el pasaje, he visto cómo esa persona aguzaba el oído. Y más de una vez he tenido que aguantarme las ganas de oír un mensaje porque sospechaba que su contenido no debía ser escuchado por terceros. Esto lo he aprendido después de tener que derrapar poniendo el stop en un audio de consumo estrictamente privado.

La gran ventaja, queridas lectoras, es haberme ligado a toda la generación Z, que, según los estudios de mercado, son esquivos y difíciles de cazar. Pues tenéis que saber (y esto es un mensaje para todas las agencias de marketing) que en Tinder están a tiro de piedra,y solo hay que hablarles en su idioma: los audios de Whatsapp.

Moraleja

Cada generación tiene el WhatsApp que se merece.

Cosas que hacer

Invertir en unos buenos audífonos para garantizar la privacidad de mi vida romántica.

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