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Caribbean Digital

Alegría, alegría hermanos, que si hoy nos queremos, es que resucitó. Así hemos cantado tantas veces para exteriorizar el regocijo que siente el alma en un día grandioso.

Estamos de fiesta. Somos testigos del acontecimiento más grande de la humanidad. La resurrección del Señor transformó nuestras vidas. Ahora tenemos esperanza. La muerte ya no tiene la última palabra. Confiamos y esperamos la eternidad. Jesús nos la prometió, y él es el amigo que nunca falla.

Ya tenemos motivos para seguir peregrinando hacia unas tierras nuevas, ­sabiendo en quién hemos puesto nuestra confianza. Este Domingo de Resurrección nos invita a la celebración.

También es un llamado a caminar con el Resucitado por las calles de Emaús de nuestras vidas, y reconocerlo en el que sufre y clama solidaridad, para salir de la tumba de la exclusión social, del abandono permanente, de la falta del abrazo fraterno que fomenta el individualismo y nos sumerge en la soledad.

A nivel de nuestro pueblo, necesitamos resucitar, para dejar en el sepulcro la indiferencia frente al hermano que sufre.

Necesitamos que nuestros jóvenes resuciten del letargo en que muchos han caído, fijando sus sueños en castillos de arena, olvidando que sus energías no pueden diluirse en los vicios que esta sociedad fomenta y promueve para ­alienarlos.

Que la Resurrección nos convoque a formar legiones de hombres y mujeres comprometidos a trabajar por la cultura de paz que tanto anhelamos.

Que nuestras instituciones renazcan para cumplir las funciones para las cuales fueron creadas, teniendo como norte el bien común.

Llegó el momento de caminar unidos en busca de nuevos horizontes. Dejemos atrás el pesimismo. Juntos podemos construir un país mejor.

Felices Pascuas de Resurrección.

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