Compartir

Servicios/Caribbean Digital
 
Santiago, República Dominicana.- “Les mando unas palabras de esperanza en esta circunstancia particularmente difícil. En efecto, es tiempo de reconstrucción, pero  no solamente de las estructuras materiales, sino también de la convivencia civil, social y religiosa”. Así habla el Papa al pueblo haitiano en el mensaje que le envía al cumplirse el primer aniversario del terremoto que destruyó a Puerto Príncipe el 12 de enero, 2010, dejando más de 300 mil muertos, un millón y medio de damnificados y 800 mil desplazados. Aquello fue una verdadera tragedia.
Frente a este hecho doloroso la humanidad se desbordó en generosidad. Nuestro país fue el primero en llegar con las manos llenas de ayudas y el corazón repleto de amor para curar las heridas y socorrer al que estaba postrado por el dolor.
Al pasar los meses fue disminuyendo la capacidad solidaria en algunas de las 140 naciones que se comprometieron a reconstruir la ciudad devastada y sólo el 63.6 % de la ayuda prometida ha tocado suelo haitiano.
La burocracia y la falta de confianza en quienes administran los cuantiosos recursos económicos ofrecidos han sido obstáculos para que renazca la vida en una nación que ha estado marcada por el sufrimiento.
Creemos que se hace urgente cambiar el rumbo de esta historia. Haití merece un mejor destino y que su clase política comprenda que mientras ellos discuten, analizan posibles soluciones y gastan el tiempo en aspiraciones desbordadas hacia el poder, hay miles de sus compatriotas que languidecen y mueren de hambre.
Esperamos que la comunidad internacional asuma su rol y no permita la desintegración de un pueblo que nos dio lecciones de amor a la libertad.
 
 
Por la vida
 
En diciembre lanzamos la inquietud de organizar una campaña nacional contra la violencia intrafamiliar y decíamos que esta es la expresión más dolorosa y desgarradora de los conflictos sociales.
Al mirar los hechos sangrientos que han ocurrido en los primeros días del año que estamos estrenando creemos que se hace necesario asumir una actitud más decidida  por parte de los diferentes estamentos de la sociedad dominicana para frenar este vendaval de miedo y de terror que no solo se siente en las calles, sino que está echando raíces profundas en un lugar sagrado como es el hogar.
No permitamos que la indiferencia  se adueñe de nuestra existencia.
Es lo peor que nos puede pasar como pueblo.

No hay comentarios

Deja un comentario...