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Periodista Grisbel Medina
Grisbel Medina R.

El allante y el movimiento es un mal de hoy. Premiamos la espuma en vez de apreciar el buen zumo del chocolate. No se considera al trabajador callado, la trabajadora enfocada. Las preseas van dirigidas a quien se preocupa por salir en las fotos, por elogiar el estilo del jefe, por su cantidad de saliva. De pronto, el bulto se erige como profesión de gente experta en trepar, en hablar alto, en darse a notar, en ponerse donde el capitán les vea.

El trabajo silencioso, con los chelitos llevado por el libro, la labor que no busca placa de reconocimiento, no es bien vista en la sociedad. El lobista, con altas dosis de baba para atraer y juntar “estratégicos”, es mejor pagado que el profesional honesto, que el emprendedor. Sino pregúntenle al próspero Ángel Rondón Rijo, citado por la Procuraduría con el embrollo de la constructora brasileña Odebrecht.

La envidia es otro virus intangible que suele generar tragedias. No sé si llamarle sentimiento a esa corriente humana que tanto daño puede hacer. Por envidia una servidora social fue acorralada por una institución donde permaneció 25 años combatiendo la pobreza, con su tiempo y sus recursos. Causó dolor a lo interno que la gente le reconociera espontáneamente por su lucha social.

Por envidia, la jefatura de una sociedad médica, insultó a una doctora por encaminar una iniciativa sanitaria que pretende alentar a la gente sobre un peligro silente, sobre una enfermedad silenciosa capaz de arrebatar uno de los sentidos más importantes de la vida. La acusó de utilizar una jornada médica para promocionarse como profesional. Nada más lejos de la realidad. Quienes no hacen nada por nadie suelen menospreciar a las personas que brillan por tomar la iniciativa.

Es triste pero es una realidad “mala de bañar” como diría mi buen amigo, el ‘Celebrity’ Haime Thomás.

El allante y el movimiento registran peligrosos topes de crecimiento en el país. Y la envidia es un virus tan dañino como el cáncer. Para hacer el equilibrio empecemos con mirar con amor las buenas iniciativas. Se engrandece una persona cuando se reconoce el valor, el coraje y el ‘buen hacer’ de los demás.

 

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