Foto de archivo.

José Alfredo Espinal

Caribbean Digital

SANTIAGO, RD.- Barack Obama ha sido el único presidente de color de los Estados Unidos de Norteamérica. Ganó por primera vez la presidencia de su país con un gran apoyo del pueblo estadounidense (2009-2013). Se reeligió por cuatro años más y venció ampliamente a su opositor (2013-2017). Después de haber concluido sus dos periodos consecutivos era muy probable que triunfara en un tercer intento por retener la Casa Blanca. Sin embargo, en los Estados Unidos ese tema es innegociable.

La Constitución de los Estados Unidos prohíbe aspirar a la Presidencia por un tercer mandato, sea consecutivo o no.

El nunca jamás fue un modelo norteamericano que se implementó en la Constitución de la República Dominicana. Pero, desde que Hipólito Mejía (2000-2004), cometió la indelicadeza de reformar la Carta Magna para instaurar en el país nuevamente la reelección desde entonces no ha habido forma de que se frene esta hemorragia política que siempre apetece el presidente de turno.

Con la excepción de Leonel Fernández que ha gobernado al país tres veces sin la necesidad de tocar la Constitución de la República (1996-2000), (2004-2008), (2008-2012), desde el 2004 hacia acá tanto Hipólito Mejía (2000-2004) como Danilo Medina (2012-2016), (2016-*2020), han utilizado todos sus recursos para perpetuarse en el poder. Mejía tuvo un intento fallido y después se arrepintió de haberlo hecho.

Si el jueguito no termina pronto veremos que con cada presidente que asuma el gobierno vendrá con la misma idea de querer reelegirse. Pero como siempre, los mandatarios nunca hablan del tema abiertamente. Son sus funcionarios, aquellos que quieren seguir pegado de la teta del Estado para seguir enriqueciéndose de las mieles que ofrece el poder.

Nadie es imprescindible gobernando a una nación, llámese como se llame. Lo mejor sería que el presidente que resulte electo de unas elecciones limpias y transparentes gobierne un periodo y dos como máximo, y después de ahí que disfrute de su pensión, impartiendo charlas en el país y en el extranjero y abra el espacio a otros con nuevas ideas para dirigir los destinos del pueblo dominicano.

Ya está bueno de seguir convirtiendo en papel de baño lo que todavía se conoce como Constitución.