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Periodista Alejandro Almánzar. Archivo.

Desde Mi Ventana Óptica

Por Alejandro Almánzar

Especial/Caribbean Digital

NUEVA YORK./ Juan Bosch, en su obra “El Pentagonísmo Como Sustituto del Imperialismo”, desglosó cómo los imperios cambian de rostro, pero no su filosofía, y menos su accionar.

Periodista Alejandro Almánzar. Archivo.

Desde la segunda Guerra Mundial 1937-1945, los países han librado grandes batallas, muchas fundamentadas en el espionaje, a través de la interceptación de comunicaciones y filtración de documentos confidenciales.

Ese método permitió a los japoneses interceptar el submarino de USA y aliados, cuando apenas había recorrido unas millas, y el desastre ocurrido es ampliamente conocido, pues de 1,290 soldados que iban a bordo, a penas sobrevivieron 190.

Fue una derrota sin haber entrado aún en combate, gracias a la inteligencia nipona,  e historiadores sostienen que eso motivó la reacción del presidente Harry Truman, quien respondió con el lanzamiento de la temible Bomba Atómica sobre Hiroshima y Nagasaki.

Algunos creen que el impacto afectó psicológica y emocionalmente al mandatario estadounidense. Después de aquel acontecimiento que le costó 55 millones de muertos al mundo, surgió la Guerra Fría, en la que grandes naciones invirtieron parte del presupuesto para operaciones de confidencias (chivateo).

De ahí surgieron cruentos enfrentamientos bélicos, como la Guerra de Vietnam, que después de una ardua labor de inteligencia, el intercambio de información y filtraciones de documentos, el gobierno de USA decidió intervenirlo con las armas.

A mediado de los 90s, estos países comenzaron a reducir la presencia de esos grupos que espiaban a gobiernos y jóvenes llamados “cabeza caliente” en nuestras naciones, pero los actos terroristas de 2001 han reeditado nuevamente la Guerra Fría, bajo otra modalidad que incluye delaciones de diplomáticos.

Creíamos que con el avance de la tecnología, este tipo de espionaje desaparecería, ya que, mediante sofisticados equipos de comunicación, mantienen una vigilancia las 24 horas del día, pero el portal electrónico WikiLeaks, revela que esta labor ha sido reasignada a la diplomacia.

El mundo pensó haber encontrado la paz, cuando los alemanes derribaron el ‘Muro de Berlín”, que separaba por razones ideológicas a esa nación, pero los conflictos siguen latentes hoy mas que nunca, tal es el caso de Iraq, donde esos informantes daban por seguro la existencia de “Armas de Destrucción Masivas”, lo que sirvió de pretexto para una intervención militar norteamericana a este país.

En las revelaciones que hace WikiLeaks, salen a relucir documentos “secretos”, con conversaciones entre embajadores y funcionarios de nuestros países, que en busca de favoritismo acuden a sus espaciosas oficinas y sueltan informaciones que luego estos envían a sus gobiernos.

La incursión del servicio diplomático a la labor de espías, degradará esta carrera que tiene como misión principal “el manejo profesional de las relaciones entre países soberanos”. En lo adelante, pocas personas decentes querrán ocupar esa posición, pues en lugar de profesionales de la diplomacia, el ciudadano los verá como vulgares informantes sobre banalidades de funcionarios civiles, militares, congresistas y jueces.

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