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JOSE ALFREDO ESPINAL

Joseespinal.hoy@gmail.com./

Editor/Caribbean Digital

SANTIAGO, República Dominicana./ En este país la mayoría de empleados públicos y privados devengan un salario mínimo por debajo de los RD$10 mil pesos mensuales.

De ese monto económico, estos trabajadores deben pagar la energía eléctrica, el agua potable, el sistema de cable, teléfonos residenciales, celulares, colegios,  internet, y la canasta familiar, entre otros gastos fijos, que el dinero que cobran no les alcanza.

En cambio, la gran mayoría de los funcionarios públicos devenga un salario fijo mensual por encima de los RD$30 mil pesos, a parte de los muy privilegiados que llegan hasta los RD$ 200 mil pesos mensuales, con la excepción de los ministros de Estado, que algunos alcanzan el millón de pesos o algo mas al mes.

Todo eso aparte de que estos funcionarios reciben viáticos y dietas especiales, es decir, que el dinero que ganan al mes le sale limpio.

Hay funcionarios, de baja categoría,  que trabajan en varias instituciones estatales.

Reciben un vehículo de lujo y lleno de combustibles,  le pagan los celulares, los colegios de sus hijos, viajes al exterior, y otros lujos que los hijos de “la viuda” o los mas pobres miserables  no pueden obtener.

Pero en nuestro país tenemos una nueva Constitución que vende otra cosa.

Esa nueva Constitución de la República Dominicana, proclamada por la Asamblea Nacional el 26 de enero de 2010, dice en su artículo 39, sobre Derecho e Igualdad lo siguiente.

“Todas personas nacen libres e iguales ante la ley, reciben la misma protección y trato de las instituciones, autoridades y demás personas y gozan de los mismos derechos, libertades y oportunidades, sin ninguna discriminación por razones de genero, color, edad, discapacidad, nacionalidad, vínculos familiares, lengua, religión, opinión política o filosofía, condición social o personal.

Agrega, entre otras cosas, que la República condena todo privilegio y situación que tienda a quebrantar la igualdad de las dominicanas y los dominicanos, entre quienes no deben existir diferencias que las que resulten de sus talentos o de sus virtudes.

No es cierto que en este país las personas reciban la misma protección y trato de las instituciones y de las autoridades.

Tampoco es cierto que gocen de los mismos derechos, libertades y oportunidades.

¿Que persona, al margen del gobierno de turno, puede en este país devengar grandes salarios fijos como ocurre en los actuales momentos de varias entidades del Estado dominicano?

Simplemente nadie.

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