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Lic. Carlos Galán

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Especial/Caribbean Digital

Por primera vez, hace unas seis décadas, fueron utilizados los recursos del marketing político en el desarrollo de una campaña electoral. Desde ese momento histórico son cada vez más los aspirantes al ejercicio de una función pública electiva, que se aferran a las técnicas, medios e instrumentos de la mercadotecnia política, para influir e incidir en los gustos, actitudes y preferencias de los electores o blancos potenciales.

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Esta tendencia ha recibido con acierto el nombre de americanización de las campañas electorales, no sólo por estar Estados Unidos a la vanguardia de las nuevas técnicas en este ámbito, sino por el hecho  de que fue en esta Nación donde a mediado del Siglo pasado, en la campaña electoral entre los partidos Demócrata y Republicano, se utilizó como algo novedoso  la promoción política en la televisión y las encuestas de opinión.

Para los propulsores de la técnica de la persuasión y de la venta de un producto político o electoral, no basta con las cualidades personales de los candidatos, es necesario captar, estudiar y analizar los gustos y preferencias del mercado electoral para a partir de esa realidad tomar la decisión más acertada a favor del producto.

Para el Dr. Belarminio Ramírez Morillo, es una técnica que permite hacer estudios profundos sobre el mercado electoral, a los fines de producir una comunicación eficaz entre el candidato y el público que se pretende persuadir.  En este proceso, se utilizan instrumentos de análisis y conceptos de comprensión; se hacen radiografías del electorado desde diversas perspectivas, en función de un conjunto de problemas actuales de naturaleza económica, social, política, cultural y externos.

No  podían faltar los que presos de paranoia, sostienen, que esta nueva manera de influir en los procesos, pone en riesgo la democracia, a través de la afectación del sistema de partidos, de la plataforma ideológica de estos, de su visión táctica y estratégica, de sus programas y planes de gobiernos.

Y es que a criterios de estos, los candidatos se convierten en productos, las ideologías se desvanecen ante el empuje de estos medios, la campaña se concentra en la oferta de la imagen y la persona del candidato, olvidando el instrumento político, que es el Partido. Los asuntos superficiales y banales que interesan al mercado, tendrían desde ese punto de vista,  más peso que los temas y programas de gobiernos en la promoción política.

La democracia no es solo la expresión política, del sistema capitalista, más que eso, es la superestructura de la convivencia humana, de una relación civilizada y armónica entres ellos y de cada uno de ellos con el medio que le rodea.

Esos principios de libertad, igualdad, solidaridad, equidad, tolerancia, prudencia, bien común, justicia social y derechos fundamentales de la persona humana, que adornan la democracia, son enarbolados en los procesos revolucionarios de Inglaterra, Francia y Estados Unidos, durante los siglos XVII y XVIII.  Son los que han servido de terreno fértil   para el surgimiento del marketing político.

Así como la economía de mercado ha permitido el desarrollo de la mercadotecnia. Es el desarrollo y expansión de los medios de comunicación, conjuntamente con la libertad de expresión y la posibilidad de desarrollar la iniciativa privada y las capacidades técnicas lo que ha permitido a los Estados Unidos ser los pioneros en el uso de estos instrumentos.

Cómo puede entonces argumentarse que la comunicación, publicidad y relaciones públicas, serán exitosas en la medida que estén desprovistas de temas y propuestas de gobierno. Un mentís a este criterio lo constituye el marketing político aplicado a la campaña electoral que catapultó a la Presidencia de la República Dominicana, al actual Mandatario Lic. Danilo Medina Sánchez, donde se combinó de manera exitosa la promoción de las propuestas de su futuro gobierno, con la oferta de una imagen de un hombre de Estado, serio y preparado que generara la confianza necesaria para enfrentar con eficiencia los problemas nacionales.

Por otro lado sería un tanto anti histórico sostener que el desvanecimiento de las ideologías de los partidos tiene su origen en el desarrollo del marketing político, cuando la realidad es que son las ideologías las que no despiertan el interés de los electores. Para un mercado electoral importa e impacta poco, si eres de izquierda o de derecha, si eres social demócrata o social cristiano.  En la República Bolivariana de Venezuela, el Partido Socialista Unido de Venezuela, ha ganado varios procesos consecutivos, no porque sea de izquierda, pero si porque de alguna manera sus propuestas y forma de gobierno llena las expectativas de las gentes.

Si los objetivos del marketing es convertir el producto en una buena persona y el de la democracia definir un estilo de conducta ciudadana apegado a la ética, los principios y las buenas costumbres, solo la sinergia de ambos conceptos garantizará en el presente el éxito de los postulados en los procesos en procura del poder político dentro del Estado, las empresas e instituciones sociales.

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