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Foto ilustrada. Cortesía de Google.

José Alfredo Espinal

Caribbean Digital

SANTIAGO, República Dominicana.- Un verano del año 1998, con 18 años de edad, llegué a la ciudad de Santiago de los Caballeros. Apenas sabía tomar el carro público de la ruta M, y la G, para dirigirme al trabajo en una zona franca de Gurabo.

A esa edad, y aún con el verde del campo en la cabeza, daba mis primeros pasos en la Ciudad Corazón. De aquella zona franca y antes de llegar al periodismo, primero pasé a ser cobrador de una funeraria, prestador de servicio en una estación de combustibles (bombero) y delivery en una famosa pizzería.

Mientras desempeña estos oficios para ganarme la vida honradamente, me las arreglaba para estudiar en un instituto de idiomas y en la universidad al mismo tiempo. Viví en casa de una hermana y luego decidí irme y pagar una habitación en una de las denominadas pensiones en el sector La Otra Banda.  Cruzar el puente era el gran dilema de cada noche.

Para cualquier jovencito de 18 años esa era una travesía bastante difícil. Pero, para un jovencito que había acabado de perder a sus padres y que desde los 8 años de edad debía trabajar a siete pesos los días para mantenerse, pues, consideraba que podía seguir, a pesar de los obstáculos que encontrara en el camino.

Por eso, y sin saber cómo iba a terminar, en el año 1999 inicié la carrera de comunicación social en la universidad. En el 2004 logré graduarme con suma dificultad, es decir, por la situación económica muy dura.

Recuerdo que mis primeros pasos en los medios de comunicación fueron  gracias al amigo, Juan Manuel Acevedo, en Radio Nacional, 1380AM. Después de ahí, logré vincularme a otros medios, escritos, fundamentalmente,  aún siendo estudiante de comunicación. Con los periodistas que compartía mis sueños me dieron la oportunidad de aprender de lo que hoy vivo.

Después de Dios y de mi esfuerzo, gracias a esos amigos, entre los cuales, además de Acevedo,  cito de manera especial a Nelson Peralta y a Bartolo García, he ofrecido mis servicios en importantes medios de comunicación a nivel local, nacional e internacional, así como en algunas instituciones públicas.

He vivido momentos difíciles. Porque el que ha padecido hambre, humillaciones y la desaparición física de sus padres, conoce de lo que estoy tratando de describir. Hoy, 19 años después hay colegas que por el simple hecho de no comulgar con sus banderías políticas y gremiales, son capaces de hacer sucumbir a un ciudadano que lo único que ha hecho en su vida es trabajar, trabajar y trabajar, para que él, su esposa y sus hijos, puedan vivir dignamente.

Ahora, por la misericordia de Dios, puedo decir a todo pulmón, que para lograr lo que hasta ahora he podido, no he tenido que maltratar, humillar ni desacreditar a nadie. Dios conoce mi corazón. Cuando me cierran o hacen que me cierren las puertas, siempre habrá otras que se abran, muchas veces mejores.

No he tenido la necesidad de vivir de un cargo público, gracias a Dios. Tengo todo el derecho como ciudadano de hacerlo, porque soy un ciudadano y parte del Estado dominicano.

No vivo adulando a nadie y muchos menos llevando chismes y metiendo zancadillas. Así qué, por más que se haga y se deshaga, aún tienen la otra parte de mi mejilla.

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