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Periodista Eugenio Taveras. Archivo.

Por Eugenio Taveras

Especial/Caribbean Digital

SANTIAGO, RD.-Las autoridades de la República Dominicana debieron primero pedir los permisos correspondientes a Francia, Canadá, Inglaterra y Estados Unidos para evacuar la Sentencia 168-13 con relación al tratamiento que en lo adelante se le dará a los inmigrantes haitianos que nos acogotan por las tres esquinas de estos 48 mil kilómetros cuadrados.

Periodista Eugenio Taveras. Archivo.
Periodista Eugenio Taveras. Archivo.

Representa una verdadera vergüenza para mí como dominicano pensar que nuestra soberanía está siendo afectada gravemente por la sencilla razón de que no tenemos fuerza para defendernos frente a los monstruos que nos atacan con un argumento soslayado que no nos quieren dar a entender:  nuestra eterna deuda externa.

El por ciento probable de que la cacareada sentencia sea anulada ronda por el 90 y quien sabe algo más, pues la presión internacional y la ejercida por dominicanos interesados, entre ellos periodistas, llevará a las autoridades a dar su brazo a torcer y ya veremos no muy tardío, si no es que ya se están reuniendo, a los jueces del Tribunal Constitucional dando a conocer los mil argumentos banales e incoherentes sobre los motivos que tuvieron que tomar en consideración para defecar tan fatal decisión.

La anulación de la Sentencia 168-13 nos dejará a nosotros como unos estúpidos ante el mundo y perderemos todo derecho en lo adelante de actuar contra cualquiera que pueda ser afectado por sus actuaciones dentro de nuestro territorio, no solo con un haitiano, sino de otras nacionalidades.

Mis conjeturas son extremas y me atrevo a especular que en un futuro no muy lejano seremos nosotros, los dominicanos, quienes tendremos que arrodillarnos a los pies de cada negro de descendencia haitiana que camine por las calles de un país que una vez se llamó República Dominicana, por lo que se perderá uno de los preceptos consagrados en nuestra mal llamada “Independencia del 27 de febrero de 1844” y a la vez uno de los pensamientos que dieron fuerza al sueño de Juan Pablo Duarte:  “Nuestra patria será libre e independiente de toda potencia extranjera o se hunde la isla”.  Siento que se está hundiendo.

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