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Presidente Danilo Medina. Archivo

José Alfredo Espinal

Caribbean Digital

SANTIAGO, República Dominicana.- Ya casi era el medio día. Todo el que debía hablar lo hizo y breve. Los periodistas estaban preparándose para salir, y los reporteros gráficos alistando sus cámaras de vídeos y fotográficas para el corte de la cinta.

El Presidente entregaba dos centros educativos, uno en Los Salados y otro en Los Limones, de manera simultánea. El miércoles 26 de julio fue la fecha. La cita inesperada, el Presidente y el cura.

El presidente Danilo Medina no tenía planes de hablar, mucho menos en un escenario con poca gente. Incluso, apenas asistieron dos ministros de Estado y la gobernadora. Parece que se invitó al alcalde y al senador, pero ninguno asistieron.

El sacerdote Benito Cruz Lantigua.

El Presidente sangró por sus heridas. Un cura de un barrio, que apenas sus feligreses lo conocen, lo sacó de quicio, hasta el punto de obligarlo a hablar en contra de su voluntad.

El sacerdote, Benito Cruz Lantigua, de la  parroquia San Juan Bautista, de Las Antillas, no dijo nada del otro mundo. El religioso se limitó a solicitarle al Presidente que debiera hablarle más al país y que asfalte calles, ordene saneamiento de cañadas, viviendas y alimentación para familias pobres, así como una ayuda para construir su parroquia.

Pero, quizás, al primer mandatario de la nación no le agradó que el cura le dijera que no hay equidad en la inversión pública, porque al parecer solo se está invirtiendo en el sistema educativo. El religioso alabó esa inversión, pero, consideró que el Gobierno debe atender otras áreas.

El Presidente, un sanjuanero del Comité Político del PLD, no se aguantó. Explotó como cualquier artefacto de calidad. Sin duda, el cura le sacó la ira. Danilo no solo habló. El jefe de Estado le rindió cuentas al sacerdote como si fuera un 27 de febrero. El cura no esperaba una repetición de aquel discurso, sino que el Presidente ordenara de inmediato las obras que estaba solicitando.

En cambio, el Número uno, como personaje de importancia en el país, visiblemente molesto, enumeró la inversión del gobierno en los sectores de la educación, la salud, la energía eléctrica y la construcción de viviendas, entre otros.

El cura reclamó y el presidente respondió. El cura hizo lo suyo y el presidente también. “Todo es normal, aquí no hay nada extraordinario”, afirmó el cura un día después de aquel memorable encuentro.

 

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