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Omar Liriano, Francisco Popa Jiménez y Leonel Fernández. Máximo Laureano/Acento.com.do

Caribbean Digital

Fuente: Acento.com.do

Escrito por Máximo Laureano/Acento.com.do

SANTO DOMINGO, República Dominicana.-Decenas de hombres y mujeres hambrientos se concentraron la noche de este viernes 23 de diciembre en la calle 30 Caballeros, en el sector de Cienfuegos, para participar de una cena que les brindaba el presidente de la República, Leonel  Fernández Reyna y la primera dama Margarita Cedeño de Fernández.

Omar Liriano, Francisco Popa Jiménez y Leonel Fernández. Máximo Laureano/Acento.com.do

La espera fue larga, pero a los moradores de Cienfuegos, esto no los amilanó y se portaron como súbditos pacientes y obedientes, hasta ver a la pareja presidencial subir al escenario a las 8:25 de la noche. El acto estaba pautado para las  7:00 de la noche, pero habían llegado antes de ponerse el sol para poder asegurar un lugar en la mesa.

El mandatario y su esposa, quien es además la candidata vicepresidencial del Partido de la Liberación Dominicano (PLD), llegaron una hora y 25 minutos después de la hora pautada, pero esto no fue motivo para que los invitados perdieran el entusiasmo (después de todo, no todas las noches un pobre puede cenar junto al hombre más poderoso del país ni estar cerca de él).

Para que el hambre no los venciera, mientras esperaban a la pareja presidencial, conocida por su proverbial impuntualidad, se les mantuvo “picando” manzanas y uvas, y se les proveyó agua en abundancia, de mejor calidad que la que a veces llegan a sus casas por las tuberías y con la cara de El Jefe impresa en las etiquetas de las botellas…Leonel en las cajas, Leonel en las botellas…Leonel hasta en la sopa.

“Varias agrupaciones artísticas animaron el  ambiente, entre frases de elogio a la figura presidencial, como si el gobernante fuera el candidato presidencial en estos momentos”

Después de una larga espera, el tropel de los agentes de seguridad y el anuncio de uno y otro de los alabarderos profesionales que medran alrededor del poder, los pobres dieron la bienvenida al Presidente de la República con un fuerte y prolongado aplauso. Algunos rostros reflejaban la emoción de estar tan cerca de ese hombre con tanto poder y dinero a quien muy pocos pueden ver de cerca e intercambiar palabras con él.

Una vez el “¡Señor Presidente de la República Dominicana, Doctor Leonel Fernández Reyna!”, como fue anunciado, tomó la  palabra y comenzó una de sus acostumbradas pláticas didácticas –porque siempre se siente en la necesidad de explicar y enseñar a un pueblo que no sabe conceptualizar- para explicar la razón por la que cenaba este viernes en Cienfuegos.

Trató de convencer a los pobres reunidos que él se sentía feliz y orgulloso de compartir con ellos, y que la distinción y el privilegio era de él, que sentía que se había ganado el premio de cenar junto estas familias del pueblo, debido a los trabajos iniciados en esta comunidad marginada de la ciudad de Santiago.

El mandatario se esmeró en parecer un padre preocupado por sus hijos menos favorecidos por la suerte, resaltando que hizo un compromiso con esta comunidad, a raíz de la reunión del pasado 10 de octubre, y por tanto “era  imposible” que no se le cumpliera al pie de la letra.

“De no haber avanzado en el cumplimiento de las obras, yo no hubiese tenido la vergüenza de venir a cenar aquí con ustedes”, señaló  Fernández Reyna.

“Dios les dé mucha paz y armonía familiar. Miren hacia el futuro siempre. Y en cualquier circunstancia, ¡e pa’ lante que vamos!”.

Una simpatía bien ensayada

El mandatario se esforzó en todo momento por parecer espontáneo, contento de estar entre los pobres y simpático y de buen humor.

Se les proveyó agua en abundancia, de mejor calidad que la que a veces llegan a sus casas por las tuberías y con la cara de El Jefe impresa en las etiquetas de las botellas…Leonel en las cajas, Leonel en las botellas…Leonel hasta en la sopa

Claro que no era para menos, porque este acto fue, más que todo, una campaña de promoción de su figura, con fotografías, lemas y canciones alusivas a la necesidad de que él guíe al pueblo dominicano.

En un momento, hasta cantó una estrofa de un merengue con letras empalagosamente elogiosas a su persona, escrito por  Francisco Popa Jiménez, un viejo merenguero típico a quien  Fernández Reyna hace poco le regaló un acordeón.

Al escuchar  las letras del  merengue, que en primer lugar promueve a Fernández y en segundo lugar a Margarita Cedeño y luego a Danilo Medina, el mandatario abandonó su asiento en la mesa principal para  acompañar al músico.

Francisco Popa Jiménez, ni tonto ni perezoso, aprovechó la cercanía del líder para decirle un secretito, de esos que se acostumbra a decir los jefes cuando se tiene la oportunidad de tenerlos cerca, pero en público. “¿Qué le habrá pedido?”, murmuraron algunos.

Durante toda la noche se respiró el culto a Leonel

En medio de frases de elogio, conversaciones informales, cabildeos y pedido de ayuda, los empleados y empleadas de las cocinas móviles sudaban la gota gorda, fajados preparando cada manjar.

A la pareja presidencial se le sirvió primero, en la mesa principal, sencilla, pero finamente preparada. Como si esperaran una señal, tan pronto Leonel Fernández y Margarita Cedeño comenzaron a degustar la comida, los invitados se concentraron en sus propios platos, dejaron de mirar a la pareja presidencial, y en poco tiempo no quedaba nada de lo servido.

Según informaron las autoridades, unas 50 mil personas, desde menores hasta ancianos, cenaron en Cienfuegos con el Presidente de la República y la Primera Dama.

Previo a la llegada del presidente Fernández Reyna y posterior  a la presentación oficial del acto,  varias agrupaciones artísticas animaron el  ambiente, entre frases de elogio a la figura presidencial, como si el gobernante fuera el candidato presidencial en estos momentos, mientras el personal de los Comedores Económicos esperaba la orden para comenzar a servir los alimentos.

Entre los artistas que participaron se destacaron los merengueros Sergio Vargas y Jhonny Ventura y el bachatero El Chaval. Todos lanzaron una que otra frasecita de elogio al mandamás.

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