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Otros mares, coreografía del escocés Mark Sieczkarek, integrando naciones y artistas para revelar un potencial de talla mundial de la danza regional, ahora apenas develada.

José Rafael Sosa

Especial/Caribbean Digital

Cuando la danza sirve de vehículo para que los pueblos se auto-descubran y develen potencial y talentos más  allá de los engreimientos individuales  de los perfiles locales, entonces el papel trascendente del arte, se ha cumplido, fuera de reflexión parcial tan evitable como dificultante del concepto regional integracionista. El arte sirve, en esas circunstancias, a sus fines más elevados.

Otros mares, coreografía del escocés Mark Sieczkarek, integrando naciones y artistas para revelar un potencial de talla mundial de la danza regional, ahora apenas develada.
Otros mares, coreografía del escocés Mark Sieczkarek, integrando naciones y artistas para revelar un potencial de talla mundial de la danza regional, ahora apenas develada.

Luego de ver Otros Mares, un espectáculo danzario que hace estallar en la cabeza la pregunta ¿Por qué la danza centroamericana y del Caribe no tiene hoy un reconocimiento mundial de su calidad y su destellar de talentos?

¿Había que esperar que Alemania, una nación que ha ido perfilando una de las mejores políticas de cooperación, desarrollara el proyecto Compañía de Danza  Centroamericana  y del Caribe (CODACA), para que viniéramos a hacer conciencia de cuan grandes somos en este arte y cuan ignorada se encuentra esa condición escénica en el mercado de la imagen de la Danza Mundial Trascendente?

Cuando el arte es capaz de concretar lo que en la vida real no se ha podido, entonces ya no es entretenimiento lúdico ni encierro escénico para gozar de formas, giros, vueltas como los que congela en escenario la danza.

Cuando la danza llega a ser expresión de encuentro de nacionalidades y perfiles, cuando blancos, negros y mulatos, unifican en un mismo proyecto la máxima expresión de un arte noble, que nos seduce por su coordinación coreográfica y sus acompasados momentos de trascendencia, entonces ya la danza no es danza. Es meta apuntada como conquista pendiente por los pueblos.

El Proyecto Compañía de Danza es una de esas señales del poder del arte: 14 de los mejores bailarines  (siete hombres y siete mujeres) de  siete países de  la región  han integrado  Compañía de Danza Centroamericana y el Caribe. (CODACA), con lo que han logrado evidenciar la estatura mundial desconocida de la danza moderna cuando se proviene de países en los que solo se han resaltado la cultura del maíz, las zonas francas y el estereotipo nacional de cada nación arrastrando su propio y supuesto “sub-desarrollo”. Ese y no otro es el aporte del milagro artístico de CODACA.

Los expertos de danza convocados por Alemania, para dar forma al proyecto: Lucía Armas (GT), Gloria Bacón (NI), Vicky Cortés (CR), Karol Marenco (SV), Omaris Mariñas Quintero (PAN), Estela Paz (HN) y Edmundo Poy (RD).

Los danzantes: Andrea Alvergue y Diana Valladares (Honduras), Rolando Meléndez y Adriana Amaya (El Salvador), Sofía Solís y Edward Guerra (Costa Rica), Josué Barrios y Ana Sofía Villar (Guatemala), Freddy Ríos y Víctor Cruz (Nicaragua), Moisés Bethancourth y Héctor Carrasco (Panamá) y Doraysa De Peña y Rayser Campusano (República Dominicana).  Solo lamento que no estuvieran Cuba y Puerto Rico. Sobre todo Cuba.

Lo que ofrecieron en el Palacio de Bellas Artes, como de su gira por los países participantes, fue una demostración que excede lo planteado en los protocolos alemanes del hermoso proyecto.

Verlos danzar Otros Mares, con una coreografía Mark Sieczkarek, bailarín y coreógrafo de origen escocés residente en Alemania, en quien se nota su notable aprovechamiento y aplicación de las normas de la legendaria Pina Bausch, comporta una experiencia sensorial que excede la danza.

La Cooperación Alemana fue fundamental para la creación de la Compañía de Danza Centroamericana y El Caribe, expresada en el respaldo logístico y artístico y la coordinación con los talentos (de dirección y actuación). Este grupo expresa la validez de la acción común de 14 danzantes de siete países por la vía del arte que expresa una voluntad multinacional de trascendencia.

 

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