Rafael A. Escotto

Por: Rafael A. Escotto

Cuando muere la voz de un cantante fabuloso como Charles Aznavour, muere la ilusión, el alma risueña se deprime, el ritmo cadencioso de los corazones enamorados disminuye y la musa sublime del poeta deja de fluir por unos instantes.

En 1963, la suave pluma del genio Aznavour escribió «Que« (Qui) y nuevamente los corazones reanudaron sus cadencias y el amor inicia otra odisea por el universo. Se dice que ni Joan Manuel Serrat pudo rehuir a la grandeza y al influjo de esta canción y le puso “punto y seguido” con su balada, Si la muerte pisa mi huerto, como reseñara en una ocasión el periodista y escritor español Charles Gámez, en El País,

Al escribir en 1964 aquel homenaje hecho canción a la juventud: “La más bella para ir a bailar” (La plus belle pour aller danse), el mundo de la juventud y el amor se llenaron de lozanía, los escenarios rebosaron de aplausos. Charles Aznavour consumó en unos hermosísimos versos la inmortalización a la belleza de la juventud y por toda parte la vida se iluminó de ilusiones y de sueños.

La pluma ágil y sentimental de este afamado cantante francés se deja envolver por la melancolía y bajo esa influencia triste escribe, a lo Borges, sobre un papel ajado: «Los placeres de la vida« (Les plaisirs démodes).

El poeta y cantante Aznavour transforma esta vez una sala de moda en un salón de baile. Aparece entre sombras blancas y negras en decorado de tela de tul, como si se tratara de un reestreno, la figura de Fred Astaire y Ginger Rogers. Nueva vez la pluma y la voz de Charles Aznavour se imponen dulce y suavemente Al triste.

Quién no recuerda la canción La Bohemia de «parís, alegre, loca y gris de un tiempo ya pasado en donde en un desván con traje de can can posabas para mí y yo con devoción pintaba con pasión tu cuerpo fatigado hasta el amanecer a veces sin comer y siempre sin dormir«, cantada y escrita por Aznavour.

Este armenio con el toque brillante de los monarcas en su voz, por haberle cantado a reyes y papas, tuvo también una carrera maravillosa en el cine. Se le recuerda por su talento en las películas «Disparen sobre el pianista« del director François Truffaut, y Un taxi a Tobruk, de Denys de La Patelliere, entre otros films no menos famosos como la Montaña mágica (1979).

Esta muerte del cantante Charles Aznavour ha sacudido de pesar el mundo de la canción, del amor y del celuloide, dejando, al mismo tiempo, marchita la pluma romántica del poeta de la canción dulce y apasionada. Venecia se ha quedado con una góndola vacía. En homenaje a Aznavour despido este trabajo con unas estrofas de Venecia sin tihttps://youtu.be/hm6w2Z9hxlg

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