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Periodista Eugenio Taveras. Archivo.

Por Eugenio Taveras

Especial/Caribbean Digital

SANTIAGO, RD./ El ejercicio periodístico, en nuestro país, República Dominicana, exhibe un deterioro inminente, fruto del comportamiento dicharachero, sin disimulo, poco ético e inmoral que exhiben muchos de los hombres y mujeres que tienen la responsabilidad de informar los acontecimientos que ocurren en el diario vivir de una nación.

Periodista Eugenio Taveras. Archivo.

Resulta contraproducente que dentro de una clase como la de informar, haya comunicadores que no actúen ni lo más mínimamente en positivo en lo referente a las normas establecidas; esa clase de colegas es posible que los saludemos por filiación meramente profesional o porque tenemos que topetarnos por ahí en cualquier actividad, pero no califican en la lista de lo que aprendimos cuando pusimos nuestro trasero en las butacas de las aulas en la universidad que nos tocó estudiar, si es que estudiamos, ni tampoco fue la crianza que recibimos, algunos, de nuestros tutores, porque así no fue que ellos nos dijeron, no todos, que deberíamos enfrentar los embates que nos ofrecería la vida.

Un punto que no debemos dejar pasar por alto, con la finalidad de edificar y sensibilizar a una de las raleas de profesionales que nos ha tocado pertenecer, desgraciadamente, y volvemos a tirar agua sobre mojado, ya que no es posible que tengamos la integridad tan por el suelo en cuanto al comportamiento deshonesto y deshonroso que exhibimos muchos tunantes de la comunicación, enganchados sin títulos o titulados y titulados de otras ramas:  abogados, doctores, psicólogos, sociólogos, economistas y todos aquellos que queramos tomar un micrófono y colocarnos detrás para expresar lo que sentimos, para atacar, defender, enlodar y expresar nuestra impotencia de no poder resolver los ingentes problemas que nos acogotan y que al final terminamos aceptando un intercambio económico para callar los mismos problemas que diligenciamos su solución.

Las expresiones salidas de boca de un colega comunicador, en un programa bajo su responsabilidad, concernientes a la corrupción rampante que hay en los medios de comunicación en todos los niveles, fueron deprimentes y detonaron en mis oídos como una bomba nuclear, no por los términos generales utilizados por el periodista de marras, sino porque, precisamente, él, no califica para señalar a ningún hombre o mujer en el sentido de vender por centavos la conciencia, toda vez que a él solo falta venderle el alma al diablo, si es que no la tiene empeñada.

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