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La función pública debe ser una verdadera vocación de servicio, un verdadero apostolado, es comparado con la labor sacerdotal, dejando detrás los privilegios, todo tipo de autoridad o poder que le otorga la posición. Archivo

Richard Espinosa

Especial/Caribbean Digital

SANTIAGO, RD.– A menudo observamos en nuestro país a personas que ostentan posiciones de poder y que por sus influencias en las decisiones  de estado, así como en el manejo de la cosa pública, dejan a un lado el valor de la humildad, la responsabilidad, la credibilidad y el compromiso, todo producto de un ego personal que no le permite manejarse con la debida prudencia y apegado a los principios fundamentales de un verdadero servidor público.

La función pública debe ser una verdadera vocación de servicio,  un verdadero apostolado, es comparado con la labor sacerdotal, dejando detrás los privilegios, todo tipo de autoridad o poder que le otorga la posición. Archivo
La función pública debe ser una verdadera vocación de servicio, un verdadero apostolado, es comparado con la labor sacerdotal, dejando detrás los privilegios, todo tipo de autoridad o poder que le otorga la posición. Archivo

Borracho de poder es una cualidad adquirida por personas carentes de valores, no deseada por quienes demandan de una gestión o de autoridades revestida de un espíritu humano, honesto, con los pies sobre la tierra, con alto sentido de escucha, solidario, que la mentira no sea su carta de presentación, estrategia esta que se usa para dar salida demagógica e irresponsable a demandas hechas por el ciudadano.

En fin, es un estilo consciente que se asume por la posición que ocupa el individuo, olvidando su responsabilidad, el compromiso y el cumplimiento de sus funciones, convirtiéndose en un ente que solo procura beneficiarse y disfrutar de los privilegios y hacer uso del poder que le otorga la posición, mostrando altanería y distancia con la gente con la cual se relacionaba.

La función pública debe ser una verdadera vocación de servicio,  un verdadero apostolado, es comparado con la labor sacerdotal, dejando detrás los privilegios, todo tipo de autoridad o poder que le otorga la posición, focalizando sus esfuerzos en buscar soluciones en beneficio del pueblo.

El propósito es servir y servir bien, no servirse, trabajar cada día en beneficio de la gente, logrando con ello mejor calidad de vida y mayor fortalecimiento institucional.

La elección de servir es un compromiso que se asume con la patria, con el desarrollo de quienes la conforman, es entregarse por completo en la consecución de una gestión eficiente, honesta y con los más altos estándares de solidaridad.

Un servidor público es eficiente y eficaz cuando tiene claro su rol para el cual se le ha designado, cumple con sus funciones y apuesta a una gestión transparente, apegada al cumplimiento del deber y al logro de un estado cada vez más competitivo e institucionalmente fuerte.

 

Autor es locutor profesional

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