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Un bodeguero dominicano en Nueva York.

POR MIGUEL CRUZ TEJADA

 

NUEVA YORK.-Algunos bodegueros y taxistas dominicanos desafiaron la furia del huracán Sandy para vender sus productos y servicios a clientes y pasajeros, aunque en el caso de los segundos las calles estaban desérticas y eran muy pocos los carros que transitaban por calles del Alto Manhattan y El Bronx, mientras la fuerza del fenómeno era indetenible.

Un bodeguero dominicano en Nueva York.

Cuando más del 90% de los comercios habían cerrado sus puertas, unos pocos se quedaron para tratar de capitalizar las necesidades de abastecerse de los ciudadanos.

Un recorrido hecho por este reportero en parte de las principales calles del Alto Manhattan comprobó que, además, muchos restaurantes chinos y delis se mantuvieron vendiendo, aunque en su mayoría cerraron entre las 10:00 y 10:30 de la noche.

En el caso del bodeguero dominicano Félix Acosta, dueño de la bodega “Eastside”, ubicado en la calle 184 y avenida Morris en El Bronx, este dijo que tuvo que reabastecerse de leche y agua para poder responder a la clientela y seguir sirviendo a la comunidad en medio de la súper tormenta.

Dijo que hizo un pedido de agua y leche en dos oportunidades porque esas mercancías se terminaron en su negocio. El pan fue otro de los productos que se vendió por mucho y rápidamente.

La bodega de Acosta vendió un 50% más que en cualquier día regular de la semana. Dijo que los clientes comenzaron a comprar desde tempranas horas del lunes y él decidió permanecer abierto hasta que el huracán llegara a Nueva York.

Ramón Valentín de 73 años y empleado de la bodega “Esmeralda” situada en la avenida Grand informó que ese negoció vendió un 25% más que en días de la semana y que el pan y la leche fueron de los productos más reclamados por los clientes.

Manifestó que la gente prefiere esos productos en días problemáticos porque no necesitan usar la estufa y con algunas porciones se pueden satisfacer.

Velas, fósforos, víveres y jugos estuvieron también entre los productos más buscados por los clientes de la bodega.

Entre los taxistas, Rafael de la Cruz trabajó en las calles de El Bronx hasta que el condado se quedó sin transeúntes.

Señaló que a su base, Haigh Class, se hicieron docenas de llamadas para transportar personas en el mismo condado porque era imposible movilizarlos a otros condados, además de que el acceso estaba cerrado por el paso de Sandy.

Dijo que aunque no consiguió más dinero que un día cualquiera, le satisfizo haber estado en las calles en medio del ciclón, para servir a la gente y debido a que no hubo transporte público.

Algunas farmacias como la del pakistaní Mo Showair de la avenida Fordham, también permanecieron abiertas porque tenían que entregar muchas medicinas recetadas que sus clientes estaban esperando.

Dijo que entregó 15 pedidos a pacientes, muchos de ellos ancianos y enfermos y cerró a las 4:00 de la tarde.

 

Fuente: Diario Libre

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