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El próximo lunes Carmen Sevilla cumplirá 87 años. Desde hace tres, permanece interna en la clínica de Aravaca (Madrid) aquejada del mal de olvido. Una enfermedad que no solo afecta a la memoria y que, según diversas fuentes, habría sufrido un avance incontrolable en los últimos días.

Son varios los medios que aseguran que la actriz estaría en estado crítico tras el avance inmisericorde del alzheimer. Una información que Augusto, su hijo, ha querido desmentir categóricamente a esta revista: “Se dicen muchas falacias sobre mi madre. No solo ahora, sino hace mucho tiempo. Es falso que esté en estado crítico, está bien. Se encuentra en las mejores manos”, dice con evidente enfado con el único fin de tranquilizar a quienes habían mostrado su preocupación y desasosiego.

Se dicen muchas falacias sobre mi madre”

Es, sin embargo, una de las pocas ocasiones en las que Algueró JR sale de su escondite para atender a la prensa. Es poco o nada habitual que acceda a ofrecer información sobre una de las estrellas más queridas de nuestro país. Hace mucho que, incluso, mantiene a su madre apartada de quienes le frecuentaban, de sus amigos, de sus compañeros. Son ellos mismos los que dan un golpe en la mesa para reivindicar su derecho a visitarla. Pero nadie les escucha.

Amigos indignados

Raúl Sender, Marilí Coll o Moncho Ferrer son algunos de los que han mostrado su interés en poder seguir en contacto con ella: “Es verdad que no sabe quiénes somos, pero lo justo es que nos dejaran verla aunque fuera un rato y poder comprobar cómo se encuentra”, dice uno de ellos con enigmática resignación. Son estos gestos los que recuerdan las similitudes con los últimos días de Lina Morgan. Completamente separada del que había sido su entorno, también las visitas estaban completamente restrigindas.

No es la primera vez que los amigos de Camen muestran su indignación. Y más desde que ‘Corazon’ informó acerca de la situación real de la presentadora en el centro hospitalario en el que se encuentra y de la que, sin ninguna duda, fue informado su propio hijo. En una habitación pequeña, algo descuidada y sin apenas visitas, Carmen vive sus días más tristes en condiciones que también lo son.

Es este el punto de mayor controversia y el que más molesta a su hijo, que prefiere no dar más datos sobre las atenciones que recibe. No hay divagaciones pero tampoco matices, más bien no quiere entrar en especulaciones que pueden alterar una situación ya de por sí dura y amarga.

Renglón aparte merece el patrimonio que tras más de 60 años en activo Sevilla consiguió amansar. Nada se sabe del espectacular piso que Carmen poseía en la calle Pintor Rosales de Madrid. La vivienda permanece cerrada y, aunque no se sabe si se ha alquilado o se ha vendido, desde el entorno familiar se sostiene que es más que presumible que la propiedad tenga ahora otra titularidad.

Pero Carmen no solo tenía inmuebles, sino que es una de las últimas folcróricas en poseer una más que destacada colección de joyas y brillantes que podría ser, incluso, mucho más numerosa y valiosa que la de la fallecida Paquita Rico.

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